1 Un fariseo llamado Shimón
invitó a Yehshua a comer, así que fue a la casa de Shimón y se reclinó junto a
la mesa. 2 Entonces Yehshua le dijo al
fariseo: “Cuando ofrezcas una comida o una cena, no invites sólo a tus amigos,
tus hermanos, tus familiares o a tus vecinos ricos. En otra ocasión ellos te
devolverán la invitación, y esa será tu recompensa. 3 En lugar de eso, cuando hagas una fiesta, invita a los
pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos. 4 Serás afortunado de que ellos no tengan cómo pagarte,
porque recibirás tu recompensa en la resurrección de los justos”.
La
ramera unge a Yehshua
5 Mientras comían y
conversaban se presentó una ramera que al enterarse que Yehshua estaba comiendo en la casa del fariseo se
apuró a llegar hasta él. Ella traía un frasco de alabastro con aceite perfumado. 6 Se colocó detrás de Yehshua,
llorando a sus pies y empezó a mojarle los pies con sus lágrimas. Los secó con
su cabello, los besó y los ungió con el aceite perfumado.
7 Shimón estaba escandalizado
y a sí mismo se preguntaba: “Si en verdad este hombre fuera un profeta sabría
qué clase de mujer le está tocando. Ella, una prostituta”. 8 Yehshua se volvió hacia el
fariseo y le dijo: “Shimón, tengo algo que decirte. Dos hombres tenían una
deuda con un prestamista. Uno le debía quinientas monedas y el otro cincuenta.
Sin embargo ninguno de los dos tenía para pagar al prestamista. Entonces el
prestamista viendo que los dos no podían saldar la deuda decidió perdonársela.
Dime entonces ¿Cuál de los dos le amará más?”
9 Shimón respondió: “Me imagino
que al que más le perdonó”. Yehshua le contestó: “Tienes mucha razón, Shimón”.
10 Miró Yehshua a la mujer y
le dijo a Shimón: “¿Ves a esta mujer? Vine a tu casa y no me diste agua para
lavarme los pies, mientras que ella los ha mojado con sus lágrimas y los ha secado
con su cabello. 11
Tú
no me saludaste con un beso, pero desde que llegó ella no ha cesado de besarme
los pies. 12 No me diste aceite para
arreglarme el cabello, pero ella ungió mis pies con aceite perfumado. 13 Te digo que se puede ver que
sus muchos pecados le han sido perdonados y por eso ahora me demostró mucho
amor. Pero al que poco se le perdona, poco ama”.
14 Volviéndose hacia la mujer
le dijo Yehshua: “Mujer, tus pecados son perdonados”. Los otros fariseos que
comían con ellos se decían entre sí: “¿Quién es te hombre que osa hasta
perdonar los pecados?” 15 Pero Yehshua no les hizo
caso y le dijo a la mujer: “Vete en paz, mujer. Tu fe te ha salvado”.
El
fariseo Nicodemo
16 Uno de los fariseos que formaba
parte del Sanedrín llamado Nicodemo fue de noche a ver a Yehshua 17 y le dijo: “Rabbi, Sabemos
que has venido como maestro de parte de Yah, nuestro Dios, pues nadie puede
hacer los milagros que haces si Dios no está con él. En toda la Galilea y en
Jerusalén has hecho prodigios y nos anuncias la llegada del Reino del Padre de
la Vida, dime pues ¿cómo podemos formar parte de ese Reino?”
18 Yehshua le respondió: “Entiende
esta verdad que te diré: Aquel que no nazca de nuevo, no podrá tener parte en
el Reino del Padre”. 19 Entonces Nicodemo le dice: “Si
una persona ya es anciana, ¿cómo podrá nacer de nuevo? ¿Acaso puede volver al
vientre de la madre para nacer otra vez?”
20 Yehshua le respondió: “Te
diré la verdad: Todo aquel que no cumpla con la palabra del Padre, que muera en
pecado, tendrá que volver a nacer; pero el que no haya renacido del agua y del
espíritu no puede alcanzar el Reino del Padre. 21 Escucha: el cuerpo de uno viene de las semillas de los
padres, pero el cuerpo espiritual, el alma de los humanos, nace del Espíritu. 22 No te sorprendas si te
digo: Ustedes tienen que nacer de nuevo. Observa el viento que sopla donde
quiere ir. Tú escuchas su sonido pero no sabes de dónde viene ni hacia donde
girará. Así sucede con todos los que nacen del Espíritu”. Le preguntó Nicodemo:
“¿Cómo puede ser posible?”
23 Yehshua entonces le respondió:
“¿Cómo siendo tú el maestro de Yisraeil no puedes entenderlo? 24 Te digo la verdad: Nosotros
hablamos de lo que sabemos y testigos somos de lo que hemos visto; pero ustedes
no creen lo que afirmamos. 25 Yojanán bautizó con agua
para la reconciliación pero dijo que debían ser bautizados con fuego del
Espíritu y tampoco le creyeron. 26 Si cuando les hablo de
cosas de este mundo no me creen, ¿cómo me creerán si les hablo del mundo donde
el Espíritu reina? 27 Nadie ha subido a la esfera
donde arde la Luz, sino aquel que descendió desde la esfera celestial, es
decir, el Hijo del Hombre. 28 El Hijo del Hombre tendrá
que ser levantado para que todo el que crea en él goce de vida eterna”.
29 “El que crea en el Hijo de
la Suprema Inteligencia y acate sus enseñanzas gozará de un cuerpo astral
viviente eternamente. El que no crea ya ha sido condenado por no creer en el
Hijo de la Luz. 30 Y esta es la condena: que
la Luz vino al mundo y los hombres, con sus malas acciones prefirieron a la
Sombra en lugar de la Luz. 31 Sin embargo, el Hijo del Hombre no vino para
condenar al mundo sino para la salvación de muchos por medio de él. 32 Todo el que vive en la
Verdad se acerca a la Luz y manifiesta que sus obras son hechas por voluntad
del Padre Divino”.
33 “El que viene de las
alturas está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra
y habla de lo que pasa en la tierra, pero el que viene desde la gloria del
universo es el más importante de todos. El Padre ama al Hijo y le ha dado poder
sobre todo”.
Yehshua
es el Mashíaj
34 Después de la visita que le
hiciera Nicodemo, Yehshua salió con sus discípulos a la región de Cesárea de
Filíppos y por el camino les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?” 35 Ellos le dijeron: “Unos
dicen que eres Yojanán resucitado; otros dicen que eres el profeta Eliyahu u
otro de los profetas vueltos a la vida”. Volvió Yehshua a preguntarles:
“¿Ustedes quién dicen que soy yo?” 36 Entonces Kefa contestó: “Tú
eres el Mashíaj, el Hijo del Dios viviente”. Yehshua le dijo entonces: “Bendito
seas Kefa, porque lo que has dicho no te lo inspiró ni tu mente ni tu
entusiasmo, sino mi Padre que reina en la expansión del Universo. 37 Bien he dicho que tú eres
piedra de fundación y sobre la verdad que te ha sido revelada construiré mi
congregación de santos; 38 más guarden silencio sobre
mi condición hasta que no llegue la hora en la que el Hijo del Hombre sea
entregado a manos de los los extranjeros que adoran dioses falsos, y tenga que
sufrir afrentas de parte de los ancianos,
los sacerdotes y los escribas y que sea muerto; 39 mas al tercer día mi Luz
iluminará sobre todos. Les aseguro que algunos de ustedes podrán ver la
divinidad del Hijo del Hombre antes de que entreguen la vida”.
Transfiguración
de Yehshua
40 Seis días después Yehshua
descendió a la Baja Galilea con Kefa, Ya’akov, Yojanán y Mariam y subieron a una alta colina llamada Tabor. 41 En lo alto de la colina
Yehshua se entregó a la oración. Sus discípulos dormitaban; pero pronto
despertaron al sentir el resplandor de una poderosa luz. 42 Entonces pudieron ver algo
extraordinario. Allí estaba Yehshua conversando con dos como hombres. El rostro
de Yehshua resplandecía como el sol y su ropa había tomado una blancura
impresionante, casi lumínica. 43 Una gran luz que venía
desde lo alto iluminaba a Yehshua y a los dos que tenían figura de hombres
cuyos cuerpos resplandecían y aquellos eran los ángeles Yaho’el y Gavri’el 44 Temblaban de pavor los
discípulos ante aquella visión y en sus mentes imaginaron que los dos ángeles
que con Yehshua conversaban eran Moshé y Eliyahu.
45 Asustado Kefa habló sin
saber siquiera lo que él mismo decía: “Rabbi, ¡qué bueno que estemos aquí;
porque así podremos hacer tres enramados, uno para ti, otro para Moshé y otro
para Eliyahu!” 46 No había concluido de decir
esto cuando una enorme y brillante nube les envolvió y escucharon una voz
potente y aterradora que decía: “Este es mi Hijo muy querido, mi elegido, en
quien tengo puesta mi predilección. ¡Escúchenlo!” 47 Al oír aquella voz, los
discípulos llenos de pavor se aplastaron contra el suelo sin atreverse a
levantar la vista. 48 Entonces Yehshua vino y les
tocó diciendo: “Levántense, no tengan miedo”.
Llenos de temor los discípulos miraron para todos lados sin ver a nadie
más que a Yehshua con su apariencia habitual.
49 Cuando bajaban la colina,
los discípulos no podían decir nada llenos del temor por aquello que habían
visto. Yehshua les dijo entonces: “A nadie cuenten lo que han presenciado hasta
que el Hijo del Hombre se levante de la muerte en su cuerpo de luz”.
50 Ellos guardaron el secreto
pero cuando estuvieron aparte se preguntaban qué significaba aquello de “levantarse de la muerte con cuerpo de
luz” y no podían encontrar su significado.



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