martes, 12 de agosto de 2014

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Yehshua el Cordero de Dios que quita el pecado


Soberbia humana

1 El hombre, con su soberbia, hace un culto idolátrico de su propia persona, olvidando que es solo ceniza y prisionero del tiempo 2 y actuando con desprecio de la trascendencia de la Divinidad, que no perece, que no está sujeta a las leyes biológicas y que es, en fin, una inteligencia suprema.
3 Dominando sobre la tierra se cree el hombre un ser único y se iguala él mismo con su sabiduría a la Sabiduría del Dios Altísimo. 4 No se da cuenta que es esclavo de sus pasiones y de sus instintos; y sus pasiones, su egoísmo, su ambición desmedida, le conducen al error. 6 Del egoísmo y de las pasiones surge el pecado natural del hombre; surge el homicidio, la mentira,  el fraude y la blasfemia. Nada parece que pueda oponerse a su voluntad.
7 El hombre por instinto busca a Dios y también por instinto rechaza a la divinidad. 8 Él puede elevarse hasta las estrellas, levantar ciudades colosales, imponerse sobre otros hombres, desatar guerras terribles y crearse falsos dioses, ídolos terribles ante los cuales inclinarse; el dios dinero, el dios dominio, el dios de los intereses y afanes materiales. 9 Ante esos ídolos, el alma del hombre pierde su fuego, desaparece el amor y mata a la justicia. 10 El interés personal prima sobre el derecho y sobre la piedad. El débil es sometido bajo la fuerza, el derecho del humilde  arrebatado.

Dios es proclive al perdón

11 Dios, Luz del Universo, es proclive al perdón, pero el hombre es capaz de renunciar a ese perdón y se empeña en andar por los caminos que conducen a la muerte; su alma se llena de sombras; se aparta de la Luz. 12 El pecado es el modo de vida natural de los hombres que no veneran, respetan ni obedecen las enseñanzas astrales.
13 Quiso Dios apartar al hombre de la muerte como antes le separó de las otras especies de seres con vida y, al mismo tiempo, le concedió libertad de acción; 14 pero el hombre por su propia naturaleza y por las tentaciones a las que le llamaban los grigoris diabólicos expulsó a Dios de su paraíso, 15 cerrando con esta acción las puertas que le conducirían a su perfección espiritual y a la vida del gozo eterno.

Los males del pecado

16 La angustia, el dolor, la desesperanza, el miedo, son sentimientos que se originan en el pecado del hombre. Estos sentimientos junto a las enfermedades y la muerte es el mundo de los humanos, 17 es el karma originado por su desobediencia a las leyes naturales y a las enseñanzas de la divinidad.
18 La carga de sus culpas siempre ha estado presente en los humanos. 19 En los tiempos primeros los hombres crearon dioses tan crueles e injustos como ellos mismos, y en ellos colocaron sus esperanzas y les ofrecieron sacrificios para aplacar su furia. 20 Cuando una catástrofe natural se producía, sin poder comprenderla, los hombres la atribuyeron como castigo de la Divinidad.
21 Mereciera el hombre ser desechado, destruido, convertido de nuevo al polvo del cual provino. Mereciera el hombre que Dios le abatiera y lanzara contra él toda su furia. 22 Pero Dios es lento para la ira y grande en compasión. 23 Decidió Dios rescatar al hombre, salvar a los justos y a los injustos. 24 Entonces encargó a sus ángeles que transmitieran sus enseñanzas a los hombres, eligiendo profetas, hombres justos que divulgaran su palabra; mostrándose en espíritu a los sabios escogidos de toda la tierra.

El plan de salvación

25 Dios como Padre de la Vida no quiere destruir a la especie viviente que eligiera para predominar sobre la tierra, ni se complace en su castigo; 26 entonces quiso darles a los humanos un medio de reparación de sus faltas permitiendo que sus almas inmortales transitaran por nuevos ciclos de vida.
27 Y eligió la Suprema Inteligencia a un hombre justo separado de la adoración de los ídolos, a Abraham, para que de él naciera una descendencia que le encontrara y le venerara como único y verdadero Dios. 28 Y Abraham engendró a Yitzchak y Yitzchak engendró a Ya’acov y de Ya’acov nació el pueblo hebreo. 29 Y quiso Dios mostrarse a Moshé, uno de los descendientes de Ya’acov - Yisra’el para que condujera al pueblo que había escogido para depositar sus enseñanzas.
30 Y Moshé escribió la Ley que el ángel de la Luz le inspirara; pero la Ley se hizo carga sobre la gente porque su esencia de amor fue deformada por dogmas y prejuicios humanos y se impusieron 613 mitzvot u obligaciones.
31 Moshé liberó al pueblo hebreo que estaba sometido en Egipto y Dios le inspiró la celebración del Pesaj, para conmemoración de la liberación, y la institución del Korbán Pesaj, es decir, el cordero de la liberación, el cordero que se sacrificaría para la remisión de los pecados. 32 Con esto, Dios anticipaba su plan de salvación para el género humano. 33 El Pesaj fue la antigua alianza de Dios con los humanos que daría paso a la Nueva Alianza; la alianza de la cruz de Yehshua el Hijo de la Luz que es Luz.

Yehshua, rescate de muchos

34 Entonces, la Luz se hizo carne para vivir como hombre verdadero entre los hombres. 35 Y Dios cargaría la culpa de los hombres sobre la carne de su hijo unigénito, el único hombre que moriría para dar vida eterna a los hombres que le aceptaran como Luz del Mundo y Dios verdadero. 36 Yehshua sería rescate de muchos como él mismo dijera: “el Hijo del Hombre no vino para condenar al mundo sino para la salvación de muchos por medio de él”. 37 Y dijo en la cena de su último Pesaj, al presentar a sus discípulos la copa de vino: “Beban todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Nueva Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados”.  (Libro del Bendecido Yehshua  24:34 y 35 Marcos 14:24)
38 Yehshua sería el postrer Moshé, quien como Moshé liberó a los hebreos de la servidumbre en Egipto él liberaría de las cadenas del pecado a muchos. 39 Yehshua es el camino para la reconciliación de los humanos con la Suprema Inteligencia, del Que es y Siempre ha sido. Es el perdón tras el arrepentimiento.
40 Por la sangre de Yehshua, los humanos pueden alcanzar la vida eterna por la perfección de sus obras y la pureza de sus almas. 41 La sangre de Yehshua lava las almas de los justos y libera de más cargas a los que, por sus faltas, deben transcurrir por ciclos de vida.
42 La cruz de Yehshua es poder contra el pecado, contra las acechanzas de los espíritus demoníacos y contra la fuerza del maligno.

43 Seamos perfectos, hermanos, como perfecto es nuestro Señor, Yehshua el Kristo, y así poder entrar dentro de esos muchos por quienes se estableció la Nueva Alianza escrita con la sangre del Bendecido por siempre, el Kristo, Dios verdadero.

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