Yehshua
el Cordero de Dios que quita el pecado
Soberbia
humana
1 El hombre, con su soberbia, hace un
culto idolátrico de su propia persona, olvidando que es solo ceniza y
prisionero del tiempo 2 y actuando con desprecio de la
trascendencia de la Divinidad, que no perece, que no está sujeta a las leyes
biológicas y que es, en fin, una inteligencia suprema.
3 Dominando sobre la tierra se cree el
hombre un ser único y se iguala él mismo con su sabiduría a la Sabiduría del
Dios Altísimo. 4 No se da cuenta que es esclavo de sus
pasiones y de sus instintos; y sus pasiones, su egoísmo, su ambición desmedida,
le conducen al error. 6 Del egoísmo y de las pasiones surge el
pecado natural del hombre; surge el homicidio, la mentira, el fraude y la blasfemia. Nada parece que
pueda oponerse a su voluntad.
7 El hombre por instinto busca a Dios y
también por instinto rechaza a la divinidad. 8 Él
puede elevarse hasta las estrellas, levantar ciudades colosales, imponerse
sobre otros hombres, desatar guerras terribles y crearse falsos dioses, ídolos
terribles ante los cuales inclinarse; el dios dinero, el dios dominio, el dios
de los intereses y afanes materiales. 9
Ante esos ídolos, el alma del hombre pierde su fuego, desaparece el amor y mata
a la justicia. 10 El interés personal prima sobre el
derecho y sobre la piedad. El débil es sometido bajo la fuerza, el derecho del
humilde arrebatado.
Dios
es proclive al perdón
11 Dios, Luz del Universo, es proclive al
perdón, pero el hombre es capaz de renunciar a ese perdón y se empeña en andar
por los caminos que conducen a la muerte; su alma se llena de sombras; se
aparta de la Luz. 12 El pecado es el modo de vida natural de
los hombres que no veneran, respetan ni obedecen las enseñanzas astrales.
13 Quiso Dios apartar al hombre de la
muerte como antes le separó de las otras especies de seres con vida y, al mismo
tiempo, le concedió libertad de acción; 14
pero el hombre por su propia naturaleza y por las tentaciones a las que le
llamaban los grigoris diabólicos expulsó a Dios de su paraíso, 15 cerrando con esta acción las puertas
que le conducirían a su perfección espiritual y a la vida del gozo eterno.
Los
males del pecado
16 La angustia, el dolor, la desesperanza,
el miedo, son sentimientos que se originan en el pecado del hombre. Estos
sentimientos junto a las enfermedades y la muerte es el mundo de los humanos, 17 es el karma originado por su desobediencia
a las leyes naturales y a las enseñanzas de la divinidad.
18 La carga de sus culpas siempre ha
estado presente en los humanos. 19 En los tiempos primeros los hombres
crearon dioses tan crueles e injustos como ellos mismos, y en ellos colocaron
sus esperanzas y les ofrecieron sacrificios para aplacar su furia. 20 Cuando una catástrofe natural se
producía, sin poder comprenderla, los hombres la atribuyeron como castigo de la
Divinidad.
21 Mereciera el hombre ser desechado,
destruido, convertido de nuevo al polvo del cual provino. Mereciera el hombre
que Dios le abatiera y lanzara contra él toda su furia. 22 Pero Dios es lento para la ira y grande
en compasión. 23 Decidió Dios rescatar al hombre, salvar
a los justos y a los injustos. 24 Entonces encargó a sus ángeles que
transmitieran sus enseñanzas a los hombres, eligiendo profetas, hombres justos
que divulgaran su palabra; mostrándose en espíritu a los sabios escogidos de
toda la tierra.
El
plan de salvación
25 Dios como Padre de la Vida no quiere
destruir a la especie viviente que eligiera para predominar sobre la tierra, ni
se complace en su castigo; 26 entonces quiso darles a los humanos un
medio de reparación de sus faltas permitiendo que sus almas inmortales
transitaran por nuevos ciclos de vida.
27 Y eligió la Suprema Inteligencia a un
hombre justo separado de la adoración de los ídolos, a Abraham, para que de él
naciera una descendencia que le encontrara y le venerara como único y verdadero
Dios. 28 Y Abraham engendró a Yitzchak y
Yitzchak engendró a Ya’acov y de Ya’acov nació el pueblo hebreo. 29 Y quiso Dios mostrarse a Moshé, uno de
los descendientes de Ya’acov - Yisra’el para que condujera al pueblo que había
escogido para depositar sus enseñanzas.
30 Y Moshé escribió la Ley que el ángel de
la Luz le inspirara; pero la Ley se hizo carga sobre la gente porque su esencia
de amor fue deformada por dogmas y prejuicios humanos y se impusieron 613
mitzvot u obligaciones.
31 Moshé liberó al pueblo hebreo que
estaba sometido en Egipto y Dios le inspiró la celebración del Pesaj, para
conmemoración de la liberación, y la institución del Korbán Pesaj, es decir, el
cordero de la liberación, el cordero que se sacrificaría para la remisión de
los pecados. 32 Con esto, Dios anticipaba su plan de
salvación para el género humano. 33 El
Pesaj fue la antigua alianza de Dios con los humanos que daría paso a la Nueva
Alianza; la alianza de la cruz de Yehshua el Hijo de la Luz que es Luz.
Yehshua,
rescate de muchos
34 Entonces, la Luz se hizo carne para
vivir como hombre verdadero entre los hombres. 35 Y
Dios cargaría la culpa de los hombres sobre la carne de su hijo unigénito, el
único hombre que moriría para dar vida eterna a los hombres que le aceptaran
como Luz del Mundo y Dios verdadero. 36
Yehshua sería rescate de muchos como él mismo dijera: “el Hijo del Hombre no vino para condenar al mundo sino para la
salvación de muchos por medio de él”. 37 Y dijo en la cena de su último Pesaj, al
presentar a sus discípulos la copa de vino: “Beban todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Nueva
Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados”. (Libro del Bendecido Yehshua 24:34 y 35 Marcos 14:24)
38 Yehshua sería el postrer Moshé, quien
como Moshé liberó a los hebreos de la servidumbre en Egipto él liberaría de las
cadenas del pecado a muchos. 39 Yehshua es el camino para la
reconciliación de los humanos con la Suprema Inteligencia, del Que es y Siempre
ha sido. Es el perdón tras el arrepentimiento.
40 Por la sangre de Yehshua, los humanos
pueden alcanzar la vida eterna por la perfección de sus obras y la pureza de
sus almas. 41 La sangre de Yehshua lava las almas de
los justos y libera de más cargas a los que, por sus faltas, deben transcurrir
por ciclos de vida.
42 La cruz de Yehshua es poder contra el
pecado, contra las acechanzas de los espíritus demoníacos y contra la fuerza
del maligno.
43 Seamos perfectos, hermanos, como
perfecto es nuestro Señor, Yehshua el Kristo, y así poder entrar dentro de esos
muchos por quienes se estableció la Nueva Alianza escrita con la sangre del
Bendecido por siempre, el Kristo, Dios verdadero.

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