viernes, 15 de agosto de 2014

ENCUENTRO VIII


Yehoshúa propone el plan contra Ai

1 Yehoshúa reunió a los jefes de grupos y les dijo: “Volveremos contra Ai, porque ahora Yahvahé habrá calmado su ira. Lanzaremos contra Ai treinta mil guerreros, todos con experiencia de combates. 2 Saldremos por la noche y colocaremos una emboscada detrás de la ciudad, sin alejarse demasiado de la ciudad y manteniéndose alerta.
3 Yo y toda la gente que irá conmigo nos acercaremos a la ciudad, y cuando ellos salgan contra nosotros, como lo hicieron la primera vez, nosotros huiremos. 4 Ellos nos seguirán, porque pensarán que huimos como la vez anterior, y así los apartaremos de la ciudad. Nosotros huiremos delante de ellos. 5 Entonces los que están emboscados atacarán y ocuparán la ciudad. Eli-Yah, nuestro Dios, nos dará la victoria.
6 En la oscuridad de la noche Yehoshúa envió un fuerte contingente para que se apostara en el lugar que ya había previsto para la emboscada, entre Betel y Ai, al oeste de Ai. Yehoshúa pasó la noche en medio de su ejército, aguardando el momento de atacar Ai. 7 A la madrugada del día siguiente, revistó a la tropa y subió contra Ai, al frente de su ejército, junto con los ancianos de Yisraeil.
8 Todos los guerreros que estaban con él avanzaron hasta llegar frente a la ciudad, y acamparon al norte de Ai. Solamente el valle separaba a Yehoshúa de Ai.
9 Ya dispuesto el plan a seguir Yehoshúa ordenó: “Tan pronto tomen la ciudad, la incendiarán. Ustedes actuarán conforme a la palabra de Adonai, y tengan en cuenta que les he dado una orden. Como recompensa al coraje de ustedes podrán retener como botín los despojos y el ganado; pero no dejarán de Ai, nadie con vida”.
10 Al ver que las tropas de Yisraeil  habían acampado frente a la ciudad, el rey de Ai se apresuró a salir con toda su gente para combatir contra Yisraeil en la bajada, frente a la Arabá, sin saber que le habían tendido una emboscada detrás de la ciudad.
11 Yehoshúa hizo un movimiento de retroceso fingiendo que estaban derrotados al primer empuje de los de Ai y huyeron por el camino del desierto.
12 Entonces en Ai se movilizó a todos los que estaba en la ciudad para que saliera en persecución de los hebreos, y todos persiguieron a Yehoshúa, alejándose así de la ciudad. 13 No hubo un solo hombre en Ai o en Bethel que no saliera en persecución de los israelitas. Y cuando lo hicieron, dejaron abiertas las puertas de la ciudad. 14 En ese momento Yehoshúa dio la señal que había acordado para que atacara la tropa emboscada detrás de la ciudad. Estos hombres salieron rápidamente de su escondite, entraron a la carrera en la ciudad, la tomaron y la incendiaron sin perder un instante.

Ai es asaltada, incendiada y destruida

15 Cuando los hombres de Ai volvieron la vista hacia atrás y vieron la humareda que subía de la ciudad hacia el cielo, ya no pudieron escapar ni por un lado ni por el otro, porque la gente que huía hacia el desierto se volvió contra sus perseguidores. 16 En efecto, al ver que los hombres emboscados habían tomado la ciudad y que el humo subía de ella, Yehoshúa volteó a su ejército para lanzarse con fuerza contra los hombres de Ai.
17 Los que habían tendido la emboscada también salieron de la ciudad para atacarlos, de manera que la gente de Ai quedó atrapada en medio de los israelitas, que avanzaban unos por un lado y otros por el otro. Así los derrotaron sin dejar ningún sobreviviente o fugitivo. 18 Al rey de Ai, en cambio, lo capturaron vivo y lo condujeron ante Yehoshúa.
19 Cuando las fuerzas de Yehoshúa terminaron de matar a los habitantes de Ai en campo abierto, en el desierto donde los habían perseguido, y cuando cayó hasta el último de ellos bajo los golpes de las espadas, todo el ejército se volvió contra Ai y la pasó al filo de la espada. 20 Los que murieron aquel día, entre hombres y mujeres, fueron doce mil, o sea, todos los habitantes de Ai.
21 Al rey de Ai, Yehoshúa lo hizo colgar de un árbol hasta la tarde. Al ponerse el sol, mandó que descolgaran el cadáver. Lo arrojaron cerca de la puerta de la ciudad y levantaron sobre él un gran montón de piedras.

Yehoshúa y Mija’el

22 Mientras los hebreos se repartían el botín capturado en la arrasada ciudad, Yehoshúa se apartó a descansar a la sombra de algunos árboles, 23 cuando de pronto vio a un hombre de imponente figura que estaba de pie frente a él, con la espada desenvainada en su mano. Aquel desconocido tenía la presencia de una estatua, de aspecto terrible y cuerpo poderosos. 24 Al verle, Yehoshúa se sintió atemorizado
25 Le preguntó entonces Yehoshúa: “¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?”
26 El hombre le respondió: “De ti depende, si soy enemigo de ustedes o no. Todo depende de lo que hagas de agrado a la Suprema Inteligencia”.
27 Yehoshúa contestó: “Yo cumplo la voluntad de Yah y extermino a sus enemigos. Pero dime quién eres”. 28 El hombre entonces, mirándole fijamente le dijo: “Yo soy Mija’el, el brazo fuerte del Dios del Universo, el que guió a las huestes que derrotaron a los grigoris y les arrojaron al pozo de sombras. 29 Ahora he venido para darte advertencia. Has desenvainado la espada y la espada estará por siempre desenvainada en las tierras que tú, por tu brazo, dominarás y repartirás entre la descendencia de Yisra’el. 30  No olvides esta verdad que te anuncio: Cada causa trae su efecto y cada efecto genera nuevas causas y así hasta lo insondable. Del modo como hoy actúes así será tu futuro. La Suprema Inteligencia ya ha visto el futuro de Yisraeil; pero tú puedes cambiar ese futuro por otro diferente. 31 Cada minuto es al mismo tiempo pasado, presente, y futuro. Piensa en esto que hoy te anuncio”.
32 Aterrado Yehoshúa se postró frente al mensajero de la Luz. Cuando alzó la mirada, ya el ángel había desaparecido.

El sacerdote interpreta erróneamente el mensaje de Mija’el

33 Sin entender el mensaje de Mija’el, Yehoshúa fue a consultar con aquel sacerdote que le advirtiera contra Acán para que sirviera de escarmiento. “Escucha esto que quiero que guardes solo para ti”, dijo Yehoshúa al sacerdote, 34 “Tuve una visión. El ángel Mija’el se apareció ante mí y quiero que me interpretes lo que me quiso decir”

35 Y relató todo lo dicho por el mensajero de la Divina Luz. Quedó el sacerdote meditando las palabras del divino Mija’el sin comprender su significado; 36 entonces conociendo lo que se ocultaba en el alma de Yehoshúa, le dijo: “No te alarmes, Guía de Yisraeil. Has recibido un mensaje alentador. 36 No envaines tu espada porque ella te dará las tierras de Canaán y podrás repartirla según tu entendimiento. El futuro tú mismo lo haces hoy. No te detengas porque esa es la voluntad de Yahvahé”.

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