Muerte
de Yehoshúa
1 Y continuó Yehoshúa conquistando
territorios, arrasando ciudades, masacrando a sus pobladores. Y no sintió
piedad alguna por aquellos que consideraba eran abominación del Padre de la
Vida; porque adoraban ídolos y hacían sacrificios a sus falsos dioses.
2 Así Yehoshúa se apoderó de todo el
país, de acuerdo con lo que Sama’el le inspiraba y en contra de la advertencia
que el mensajero de la Luz, Mija’el le había hecho, y lo entregó como propiedad
hereditaria a cada una de las tribus de Yisraeil. 3 Y por el momento ya no hubo más guerra
en el país.
4 Cargado en años Yehoshúa entregó su
espíritu y Uri’el vino ante él dictando sentencia contra su alma. Y dijo
Uri’el: “Tú, Yehoshúa has sido pesado y encontrado falto; porque fuiste
soberbio y fuiste cruel con los vencidos, cediendo a las insinuaciones del Príncipe
de la Sombra. Tomaste el nombre del Dios de la Vida en falso y le atribuiste a
El tus hechos como mandatos de la Divinidad. Aunque seas recordado como mano de
Dios, tu alma quedará confinada en el círculo de la humillación hasta la
llegada del Tiempo de los Tiempos, cuando te juzgue Shiló Yabosh, el Pacífico,
poseedor de la divinidad, luz de misericordia y eterno como es la Suprema
Inteligencia, a quien se le otorgó el poder de enjuiciar según las palabras
contenidas en el Libro de la Vida”.

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