1
Hacia
ti, Padre Eterno, miro suplicante; hacia ti que te mueves en las expansiones
del universo.
2
Suplicantes volvemos nuestras miradas hacia el Dios de la vida, nuestro Dios,
como miran los hijos a su padre esperando de él su compasión.
3
Compadécete de nosotros Padre de Luz; ten compasión de nosotros, pues ya no
soportamos que nos ataquen y nos ofendan y repriman nuestra libertad.
4
Demasiado ya hemos sufrido la burla de los poderosos y el desprecio de los
orgullosos.
5
Sus bocas están llenas de maldiciones. Aplastan el derecho y la justicia y a
los justos escarnecen y les cargan con cadenas.
6
Pero Tú nos redimirás porque desprecias a los opresores, a los sedientos de
poder, a los que se inclinan para adorar a la Sombra y a sus ángeles malignos.
7
Cuando nos tomaste de entre las bestias Tú nos concediste la Libertad, espíritu
que nació de Ti desde los inicios de la vida.
8
Sálvanos y libéranos, porque en tu fuerza confiamos.

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