viernes, 1 de agosto de 2014

ENCUENTRO IV

El Arca de la Alianza

1 Quiso Moshé dotar de atributos a los sacerdotes que había instituido para que tuvieran dignidad ante el pueblo y además se propuso darle al pueblo un objeto de veneración que no constituyera un ídolo. Un objeto sagrado que le inspirara confianza al pueblo en la ayuda de Yahvahé.
2 Ordenó entonces que construyeran un arca de madera de acacia recubierta de oro por dentro y por fuera y que pudiera transportarse a mano con varas también de acacia. Dentro de aquella arca mandó a colocar los rollos de la Ley. 3 Moshé dijo entonces que el arca construida sería el Arca de la Alianza y la gloria de Eli-Yah. Dispuso además que el Arca siempre abriera la marcha  del pueblo y estuviera al frente en las batallas que entablaran, y así se hizo. Y cuando estuvo construida se inclinaron ante ella y adoraron.
4 Entonces la Suprema Inteligencia puso en la mente de un hombre del pueblo sus palabras, diciendo: “Preséntate ante Moshé y dile: Escucha Moshé lo que dice la Luz del Universo: 5 ¿Puedes guardar dentro de un cajón un pensamiento? ¿Puedes darle aposento al que es mayor que toda la extensión del Universo? 6 ¿Quién puede conducir mi espíritu en un arcón si Yo Soy el Espíritu de todo lo formado? 7 ¿Acaso toda mi fuerza, mi suprema inteligencia y mi divinidad pueden caber en un espacio limitado? 8 Cuídate de hacer sagrados los símbolos y las representaciones con la que invocas mi esencia, pues estos solo son espejismos e idea limitada de aquello que se pretende representar”.
9 Y aquel hombre salió y poniéndose entre Moshé y el arca de acacia que mandó construir, dijo a Moshé lo que la Gran Sabiduría había puesto en su razón. 10 Pero ni Moshé, ni Aharom, ni ningún otro pudo comprender aquel mensaje y así pensaron que se trataba de alguien embriagado con licor.

El pueblo exige agua


11 En Refidim acamparon tras larga marcha, y todos se sentían agotados porque ya comenzaba a escasear el agua. El pueblo comenzó a murmurar y cada vez se mostraba más descontentos. 12 Entonces acosaron a Moshé y le exigían: “Se agota el agua y perdidos estamos en este desierto. Tienes que buscar fuentes de agua para que podamos beber”. Moshé les respondió: “¿Por qué me acosan? ¿Por qué se revuelven contra Adonai?”
13 Ellos, cada vez más molestos gritaron: “¿Para esto nos hiciste salir de Egipto, prometiéndonos una tierra de abundancia? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?”
14 Moshé, se sentía desconcertado, preguntándose dónde encontrar agua y clamó al Dios de la Vida: “¡Luz del Universo necesito tu amparo! ¿Acaso no me elegiste para conducir a este pueblo y ahora me abandonas al desespero? Furiosos están y a punto de apedrearme”.
15 Como un fuerte viento se presentó ante él Yaho’el. De en medio del torbellino Moshé escuchó su voz: “Así te manda a decir la Suprema Inteligencia: 16 Yo calmaré la sed de los desesperados y libraré del peligro a los que siguen mis palabras. Toma contigo a algunos hombres y vete hasta Horeb. 17 De lo profundo de la roca, brotará agua en abundancia y ya jamás se quejarán de sed”. 18 Así lo hizo Moshé y encontró el agua brotando de la roca de Horeb.

Los amalecitas se oponen a los israelitas

19 Cuando los hebreos reiniciaron su marcha hacia las tierras donde pensaban asentarse, los amalecitas se presentaron frente a ellos, porque habían penetrado en su territorio. 20 Moshé alentó a los israelitas, diciéndoles: “Abrámonos paso a través de ese pueblo que se nos enfrenta y el miedo no nos derrote, porque Yahvahé estará a nuestro lado”. 21 En Refidim se enfrentaron por vez primera los hebreos con los amalecitas y fue duro el combate, pero Yisraeil abrió una brecha entre los amalecitas y Gavri’el entorpeció el paso de Amalec. 22 Y aquel fue un combate entre los hijos de Yisra’el y los hijos de Esav, hermano de Ya’acov.

Los israelitas destruyen a Arad

23 Sucedió que tiempo después de esto, el rey Arad de El Néghev le salió al paso a los hebreos en el camino de Atarím y luego de atacarles tomó algunos prisioneros. Respondieron con furia los hebreos y encomendándose a Yahvahé atacaron la ciudad de Arad y la destruyeron.

La serpiente de bronce


24 Luego partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para bordear el territorio de Edom. 25 Pero en el camino, el pueblo perdió la paciencia por la larga marcha y la fatiga del combate. Las provisiones volvieron a escasear y comenzaron nuevamente a murmurar, renegando de Moshé y de Yahvahé. 26 Y decían: “Seguimos vagando por el desierto sin llegar a algún lugar seguro y nos amenaza la muerte por sed y por hambre. ¡Aquí no hay pan, ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!”
27 Quiso la casualidad que acamparan en una zona donde abundaban las serpientes y muchos fueron mordidos por los reptiles y murieran con grandes dolores. Entonces Moshé, conociendo los temores del pueblo, les dijo para acallar sus quejas: 28 “Ustedes han pecado hablando contra Yahvahé y contra mí, y Dios les ha enviado esas serpientes como castigo por las rebeldías de ustedes”. 29  Entonces ellos le dijeron a Moshé: “Intercede delante del Padre, para que aleje de nosotros esas serpientes”.
30 Moshé se retiró a su tienda y se quedó dormido. Entonces tuvo un sueño, y en su sueño vio al divino Gavri’el. Y le habló el mensajero de la Luz: “Moshé, Moshé, es difícil conducir a todo un pueblo rebelde aun hasta con el amparo de la Suprema Inteligencia, pero no te está permitido aumentar el temor entre ellos. 31 Las serpientes que han mordido a la gente no fueron enviadas por el Padre, ni tampoco por ninguno de sus mensajeros. Pero la Luz del Universo ha decidido darles un símbolo de esperanzas para este pueblo tan dispuesto a las protestas. 32 Fabrica una serpiente abrasadora de bronce y clávala en un poste. Y dile al pueblo que todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado. 33 Y esta imagen será símbolo para el futuro y confianza en el perdón”
34 Moshé hizo una serpiente de bronce y la clavó en un poste, tal como le había indicado Gavri’el, ángel de la Luz. Y todo aquel que era mordido por una serpiente volvía su rostro esperanzado hacia la serpiente de bronce y al punto, quedaba curado.

Astucia de Balaam

35 Cuando los de Yisraeil se acercaron a tierras de Moab, Balac, hijo de Sipor se intimidó con la presencia de aquel pueblo belicoso. Entonces mandó a buscar a un adivino y visionario llamado Balaam, el hijo de Beor, para que a nombre de su Dios maldijera a los hebreos. 36 Y le dijo Balac a Balaam: “Yo te daré una buena cantidad de dinero si maldices a ese pueblo que viene de Egipto y ya cubre la faz de la tierra”.
37 Balaam le contestó: “Así me des todo el oro que quepa en tu palacio yo no podré maldecir a ese pueblo, porque bendecido está por sus ángeles mensajeros”. Balac entonces le pidió: “Si no puedes maldecirle al menos no le bendigas”
38 Y le dijo Balaam: “Yo solo puedo hacer aquello que en visiones me aconsejen que haga los ángeles mensajeros de Elokhin. Mas puedo darte un consejo por lo que debes hacer para que él sea quien les maldiga. 39 Envía a las mujeres más hermosas de tu pueblo, llevando regalos y vino a los israelitas que acampan en Baal-peor, al pie del Monte Peor para que les induzcan a la fornicación y a la embriaguez; quizá así los ángeles que les amparan le quiten su protección”.

La furia de Moshé

40 Balac hizo tal como le aconsejara Balaam y las mujeres se prostituyeron con los hombres de Yisraeil y estos se embriagaron y danzaron ante la imagen de Baal. Pero Moshé enterado de aquel comportamiento se encendió en furia pensando que aquel comportamiento provocaría el rechazo de Yahvahé y que se vengaría sobre todo el pueblo. 41 Así que ordenó que ahorcaran a todos los príncipes del pueblo delante del sol, y ordenó: “Maten cada uno de aquellos que se han juntado con Baal-peor”.
42 Ordenó a su ejército para arrasar los pueblos medianitas y moabitas, diciendo: “Hostiguen a los madianitas, y hiéranlos 43 porque ellos nos afligieron con sus ardides con que nos han engañado en lo tocante a Baal-peor”.
44 Cuando el ejército retornó a los campamentos hebreos después de saquear y arrasar los pueblos medianitas y moabitas, Moshé se enojó con los oficiales y les reclamó: “¿Por qué han dejado con vida a las mujeres moabitas que por consejo de Balaam fueron la causa de que los israelitas transgrediesen las ordenanzas de Yah?” 45 Sama’el había obtenido dos triunfos, primero dejó que Balaam prevaricara por dinero y luego nubló la razón de Moshé para ordenar una matanza, nada agradable al Padre de la Vida, Luz del Universo y Dios de bondad.

46 Y la Suprema Inteligencia no vio con agrado que los hebreos derramaran la sangre de sus parientes moabitas descendientes de Lot y de los medianitas, descendientes de Abraham.

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