lunes, 25 de agosto de 2014

DAVID VII


1 Por aquel entonces Shamu’el entregó su espíritu. Por todo Yisraeil se supo de la muerte del profeta y hubo duelo por él, y lo sepultaron en Ramá. 2 Y Uri’el el Mensajero de la Suprema Inteligencia acompañó a su alma hasta la segunda esfera universal, el She’ol.  

Sueño profético de David

3 Y tuvo un sueño David y vio a Shamu’el delante de él y le mostraba un trono ante el cual un ángel con figura de fuego estaba parado 4 y el ángel le dijo a David: “Escucha David, hijo de Isaí, tu reinarás sobre la nación, pero habrá alguien que será mayor que tú. 5 A él ningún hijo de hombre le ungirá como Shamu’el te ungiera a ti. 6 Él es tu Señor y El que Es Por Siempre, le dirá: Siéntate a mi derecha, mientras inclino a tus enemigos bajo tus pies. Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Malki-zédek”. 7 Y se escuchó una voz poderosa que venía de los confines del Universo que dijo: 8 “Él es mi hijo, Yo le engendré desde antes del inicio de los tiempos. 9 Yo le daré las naciones como herencia, y como propiedad los confines de la tierra y poder sobre el Universo”.  

10 Despertó David y no entendía que significaba aquel sueño. Y dijo David: “El Padre de Universo, mi Dios y Señor me ha mostrado a mi Señor”.

Saúl busca consultar a una pitonisa

11 En ese tiempo Saúl conocía que los filisteos se preparaban para atacarle pero dudaba en hacerles frente pues pensaba que el Dios del Universo le había retirado su ayuda. Cuando divisó a las fuerzas filisteas sintió miedo. 12 Entonces dijo a sus servidores: “Búsquenme una pitonisa, para que yo vaya a verla y la consulte”. Sus servidores le dijeron: “Recuerda que tú dictaste una ordenanza que condenaba a muerte a todo el que consulte a los espíritus de los muertos”. 13 Saúl insistió diciendo: “Yo puedo faltar a mis ordenanzas, porque yo dicto la ley y puedo también cambiarla; por tanto búsquenme a una pitonisa que me revele si puedo ir contra los filisteos, pues no tengo profeta a quien consultar”.

14 Sus servidores le dijeron: “Precisamente hay una pitonisa en Endor”.

15 Saúl se disfrazó, poniéndose otra ropa, y partió en compañía de dos hombres. Llegaron de noche, y Saúl dijo a la mujer: “Predíceme el futuro evocando a un muerto, y haz que se aparezca el que yo te diga”. 16 Pero la mujer le respondió: “Tú sabes bien lo que hizo Saúl, cómo extirpó del país a magos y adivinos. ¿Por qué me tiendes una trampa para hacerme morir?”

17 Saúl trató de calmar a la mujer diciéndole: “Te juro por el nombre de Yah que nadie te hará daño por el servicio que me prestes”. La mujer le preguntó: “¿El espíritu de quién deseas que yo convoque?” 18 Saúl entonces le dijo: “Quiero que llames al espíritu de Shamu’el”. Al escuchar esto, la mujer se asustó mucho más y le dijo a Saúl: “¿Por qué me has tentado y con engaño me has ocultado que tú eres Saúl el perseguidor de adivinos y videntes?”

19 Saúl entonces le prometió que ella estaría libre del edicto que él había dictado. “No temas y haz que el espíritu de Shamu’el se presente ante mí”.

El espíritu de Shamu’el se presenta ante Saúl

20 Quemó incienso la mujer y conjuró a Adakala el ángel guardián de la Esfera donde aguardan las almas aprisionadas y luego quedó rígida. Saúl le preguntó: “Dime qué has visto”. La pitonisa dijo entonces: “Veo un espíritu que viene desde lo profundo del She’ol”.

21 “¿Qué forma tiene?”, preguntó Saúl. Ella respondió: “Es un anciano que desciende desde una dimensión que tú no puedes ver, y está envuelto en un manto”. Saúl comprendió entonces que era Shamu’el, y se postró con el rostro en tierra.

22 El espíritu de Shamu’el dijo a Saúl: “¿Por qué perturbas mí espíritu, haciéndome venir desde el lugar de reposo?” “Es que estoy en un grave aprieto, respondió Saúl; los filisteos me hacen la guerra, y Yahvahé se ha apartado de mí; ya no me responde, ni por medio de los profetas ni en sueños. Por eso te llamé para que me indiques lo que debo hacer”.

23 El espíritu de Shamu’el le dijo a Saúl: “Si el Dios del Universo se ha apartado de ti y te ha rechazado, ¿por qué buscas mi consejo, aun cuando tú mismo condenaste a los que consultan a los espíritus? 24 Ahora conozco que Yahvahé nunca te ungió como rey y que no hace a nadie rey salvo a su elegido el bendecido de la estirpe de Isaí. Tu envidia y tu odio ciego por David te condenan. 25 Pero yo te revelaré tu destino: Mañana, tú y tus hijos estarán conmigo en la esfera de la desesperación que guarda el terrible ángel Adakala, y también el ejército de Yisraeil será asolado por los filisteos”.

26 Al instante, Saúl se desplomó en tierra cuan largo era, aterrorizado por lo que había dicho Shamu’el. Además, estaba sin fuerzas porque no había comido nada en todo el día y toda la noche.

27 La mujer se acercó a Saúl y, al verlo tan abatido por el terror, le dijo: “Ya ves que tu servidora te ha hecho caso. Yo arriesgué mi vida y obedecí la orden que me diste. 28 Ahora tú tienes que hacerme caso: deja que te sirva un pedazo de pan y come. Así tendrás fuerza cuando vayas por el camino”. 29 Pero él rehusó, diciendo: “¡No comeré!” Sus servidores, y también la mujer, le insistieron, y al fin Saúl les hizo caso; se levantó del suelo y se sentó en el catre.


30 La mujer tenía en casa un ternero cebado. En seguida lo mató, tomó un poco de harina, la amasó e hizo cocer unos panes sin levadura.  31 Después sirvió todo eso a Saúl y a sus servidores. Ellos comieron y se pusieron en camino aquella misma noche.

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