1 Por aquel entonces Shamu’el entregó su
espíritu. Por todo Yisraeil se supo de la muerte del profeta y hubo duelo por
él, y lo sepultaron en Ramá. 2 Y Uri’el el Mensajero de la Suprema
Inteligencia acompañó a su alma hasta la segunda esfera universal, el She’ol.
Sueño
profético de David
3 Y tuvo un sueño David y vio a Shamu’el
delante de él y le mostraba un trono ante el cual un ángel con figura de fuego
estaba parado 4 y el ángel le dijo a David: “Escucha
David, hijo de Isaí, tu reinarás sobre la nación, pero habrá alguien que será
mayor que tú. 5
A él ningún hijo de hombre le ungirá como Shamu’el
te ungiera a ti. 6 Él es tu Señor y El que Es Por Siempre,
le dirá: Siéntate a mi derecha, mientras inclino a tus enemigos bajo tus pies. Tú
eres sacerdote para siempre según el orden de Malki-zédek”. 7 Y se escuchó una voz poderosa que venía
de los confines del Universo que dijo: 8 “Él
es mi hijo, Yo le engendré desde antes del inicio de los tiempos. 9 Yo le daré las naciones como herencia,
y como propiedad los confines de la tierra y poder sobre el Universo”.
10 Despertó David y no entendía que
significaba aquel sueño. Y dijo David: “El Padre de Universo, mi Dios y Señor
me ha mostrado a mi Señor”.
Saúl
busca consultar a una pitonisa
11 En ese tiempo Saúl conocía que los
filisteos se preparaban para atacarle pero dudaba en hacerles frente pues
pensaba que el Dios del Universo le había retirado su ayuda. Cuando divisó a las
fuerzas filisteas sintió miedo. 12 Entonces dijo a sus servidores: “Búsquenme
una pitonisa, para que yo vaya a verla y la consulte”. Sus servidores le
dijeron: “Recuerda que tú dictaste una ordenanza que condenaba a muerte a todo
el que consulte a los espíritus de los muertos”. 13 Saúl insistió diciendo: “Yo puedo faltar
a mis ordenanzas, porque yo dicto la ley y puedo también cambiarla; por tanto
búsquenme a una pitonisa que me revele si puedo ir contra los filisteos, pues
no tengo profeta a quien consultar”.
14 Sus servidores le dijeron: “Precisamente
hay una pitonisa en Endor”.
15 Saúl se disfrazó, poniéndose otra ropa,
y partió en compañía de dos hombres. Llegaron de noche, y Saúl dijo a la mujer:
“Predíceme el futuro evocando a un muerto, y haz que se aparezca el que yo te
diga”. 16 Pero la mujer le respondió: “Tú sabes
bien lo que hizo Saúl, cómo extirpó del país a magos y adivinos. ¿Por qué me
tiendes una trampa para hacerme morir?”
17 Saúl trató de calmar a la mujer
diciéndole: “Te juro por el nombre de Yah que nadie te hará daño por el
servicio que me prestes”. La mujer le preguntó: “¿El espíritu de quién deseas
que yo convoque?” 18 Saúl entonces le dijo: “Quiero que
llames al espíritu de Shamu’el”. Al escuchar esto, la mujer se asustó mucho más
y le dijo a Saúl: “¿Por qué me has tentado y con engaño me has ocultado que tú
eres Saúl el perseguidor de adivinos y videntes?”
19 Saúl entonces le prometió que ella
estaría libre del edicto que él había dictado. “No temas y haz que el espíritu
de Shamu’el se presente ante mí”.
El espíritu
de Shamu’el se presenta ante Saúl
20 Quemó incienso la mujer y conjuró a
Adakala el ángel guardián de la Esfera donde aguardan las almas aprisionadas y
luego quedó rígida. Saúl le preguntó: “Dime qué has visto”. La pitonisa dijo
entonces: “Veo un espíritu que viene desde lo profundo del She’ol”.
21 “¿Qué forma tiene?”, preguntó Saúl.
Ella respondió: “Es un anciano que desciende desde una dimensión que tú no
puedes ver, y está envuelto en un manto”. Saúl comprendió entonces que era Shamu’el,
y se postró con el rostro en tierra.
22 El espíritu de Shamu’el dijo a Saúl: “¿Por
qué perturbas mí espíritu, haciéndome venir desde el lugar de reposo?” “Es que
estoy en un grave aprieto, respondió Saúl; los filisteos me hacen la guerra, y Yahvahé
se ha apartado de mí; ya no me responde, ni por medio de los profetas ni en
sueños. Por eso te llamé para que me indiques lo que debo hacer”.
23 El espíritu de Shamu’el le dijo a Saúl:
“Si el Dios del Universo se ha apartado de ti y te ha rechazado, ¿por qué
buscas mi consejo, aun cuando tú mismo condenaste a los que consultan a los
espíritus? 24 Ahora conozco que Yahvahé nunca te
ungió como rey y que no hace a nadie rey salvo a su elegido el bendecido de la
estirpe de Isaí. Tu envidia y tu odio ciego por David te condenan. 25 Pero yo te revelaré tu destino: Mañana,
tú y tus hijos estarán conmigo en la esfera de la desesperación que guarda el
terrible ángel Adakala, y también el ejército de Yisraeil será asolado por los
filisteos”.
26 Al instante, Saúl se desplomó en tierra
cuan largo era, aterrorizado por lo que había dicho Shamu’el. Además, estaba
sin fuerzas porque no había comido nada en todo el día y toda la noche.
27 La mujer se acercó a Saúl y, al verlo
tan abatido por el terror, le dijo: “Ya ves que tu servidora te ha hecho caso.
Yo arriesgué mi vida y obedecí la orden que me diste. 28 Ahora tú tienes que hacerme caso: deja
que te sirva un pedazo de pan y come. Así tendrás fuerza cuando vayas por el
camino”. 29 Pero él rehusó, diciendo: “¡No comeré!”
Sus servidores, y también la mujer, le insistieron, y al fin Saúl les hizo
caso; se levantó del suelo y se sentó en el catre.
30 La mujer tenía en casa un ternero
cebado. En seguida lo mató, tomó un poco de harina, la amasó e hizo cocer unos
panes sin levadura. 31 Después sirvió todo eso a Saúl y a sus
servidores. Ellos comieron y se pusieron en camino aquella misma noche.

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