viernes, 15 de agosto de 2014

DAVID V


David le miente al sacerdote Ahimelech

1 David huyendo de Saúl llegó a orillas de Salem, al lugar conocido como Nob, donde estaba el sacerdote Ahimelech. Este salió a su encuentro muy asustado y le dijo: “¿Por qué estás tú solo, sin nadie que te acompañe?”. 2 David le ocultó que huía de Saúl y le mintió diciendo: “El rey me dio un encargo y me dijo que guardara en secreto la misión que me encomendó. En cuanto a mí acompañamiento, le he dado cita cerca de aquí. 3 Si tienes a mano cinco panes, o lo que sea, dámelos ahora mismo”.
4 El sacerdote respondió a David: “No tengo a mano pan común; sólo hay pan consagrado, con tal que tus hombres se hayan abstenido de tener relaciones con mujeres”. 5 “¡Seguro que sí!”, respondió David al sacerdote; “las mujeres nos han estado vedadas, como siempre que yo salgo de campaña. Si estos hombres mantienen puros sus cuerpos aún en una expedición profana, ¡con mayor razón tendrán hoy sus cuerpos en estado de pureza!” 6 Entonces el sacerdote le dio pan consagrado, porque allí no había otro pan que el de la ofrenda, el que se retira de la presencia de Yahvahé cuando se lo reemplaza por pan fresco.
7 David dijo a Ahimelech: “¿No tienes a mano una lanza o una espada? Porque yo no he traído ni mi espada ni mis armas, debido a la urgencia de la misión encomendada por el rey”. 8 El sacerdote respondió: “La espada de Goliat, el filisteo que tú derrotaste en el valle del Efes-damim, está allí, envuelta en un paño, detrás del efod. Tómala, si quieres, porque aquí no hay otra. No hay otra espada igual a esa”, respondió David: “¡dámela!”
9 Ese día estaba en Nod un servidor de Saúl de nombre Doeg edomita que debía prestar servicio en el culto de Yahvahé.

Visión de David en la caverna de Adulam

10 Salió David y pasó por Gath en tierras filisteas, pero pronto fue reconocido por los guardias de Aquís, príncipe de Gath, por ser el que había dado muerte a Goliat, y vencido a fuerzas filisteas en combates. 11 Temeroso entonces partió hacia Judá y se refugió en una caverna que había en Adulam.
12 Y tuvo David una revelación estando en la caverna. En medio de una gran luz vio David a un anciano de largas y blancas barbas que se paraba frente a él; 13 y el anciano mantenía en alto su brazo derecho y su mano sostenía el símbolo del Padre de la Luz. 14 Habló el anciano y dijo: “Escucha David, hijo de Isaí, no temas pues los días de tu vida serán largos y serás protegido por los mensajeros de la Luz que te darán el símbolo de la Suprema Inteligencia, el triángulo con su ápice hacia arriba. Tus días serán de luces y de sombras”.
15 Alzó entonces el anciano su brazo izquierdo y su mano sostenía el símbolo del poder de la Sombra y dijo: “Aquí tienes la fuerza de la Sombra y sus ángeles te guardan. Aquí te muestro el símbolo de la Sombra, el triángulo con su base invertida. 16 Une estos dos símbolos y nadie tendrá poder sobre ti, ni espada alguna te herirá. Este será tu escudo”.
17 Cuando sus hermanos y toda la casa de su padre se enteraron que David se encontraba en la caverna de Adulam bajaron a unirse con él. 18 Además, se le juntaron todos los que estaban en algún aprieto, cargados de deudas o descontentos de la vida. Así llegó a ser jefe de unos cuatrocientos hombres.

Ahimelech llevado ante Saúl

19 Saúl ordenó que trajeran ante él a Ahimelech y a todos los sacerdotes de Nod. Cuando los sacerdotes estuvieron frente a él, Saúl dijo: “¡Escucha bien, hijo de Ahitob! ¿Por qué han conspirado contra mí, tú y el hijo de Isaí? 20 Tú le has dado pan y una espada, y has consultado a Yahvahé por él, para que se subleve contra mí y me tienda acechanzas, como sucede en el día de hoy”.
21 Ahimelech respondió al rey: “¿Hay entre todos tus servidores alguien tan de confianza como David? Él es yerno del rey, es jefe de tu guardia personal y todos lo honran en tu casa. 22 ¿O acaso es esta la primera vez que consulto a Yahvahé por él? ¡No, lejos de mí! Que el rey no levante ningún cargo contra tu servidor ni contra toda su casa paterna, porque tu servidor no sabía absolutamente nada de este asunto”.

Doeg asesina a los sacerdotes

23 Saúl le replicó furioso: “Hoy sin remedio vas a morir Ahimelech, tú con toda tu casa”. 24 Volviéndose a su escolta Saúl les ordenó: “¡Saquen espadas y muestren sus lanzas y maten a estos sacerdotes de Yahvahé, porque también ellos están de parte de David! Aun sabiendo que él huía, no me lo denunciaron”. 25 Pero los escoltas del rey no quisieron extender su mano para ultimar a los sacerdotes de Nod.
26 Entonces el rey dijo a Doeg: “Adelántate Doeg y mátalos tú”. Doeg se volvió y acometió contra los sacerdotes; así mató aquel día a ochenta y cinco hombres que vestían el efod de lino. 27 No conforme con lo hecho Saúl envió a sus guerreros contra la aldea y pasó al filo de la espada a hombres y mujeres, niños y pequeños, bueyes, asnos y ovejas.

Abiatar, hijo de Ahimelech,  se une a David

28 De aquella matanza solo pudo escapar con vida un hijo de Ahimelech, llamado Abiatar quien huyó para unirse a David y le contó cómo habían sido asesinados los sacerdotes de Nod.
29 David dijo a Abiatar: “Ya sabía yo aquel día que Doeg, el edomita, estaba allí presente y que no dejaría de informar a Saúl. Por mi causa la desgracia cayó sobre toda tu casa paterna. 38 Pero quédate conmigo y no temas. El que atente contra tu vida, atenta contra la mía. Junto a mí, estarás bien protegido”.
40 La sangre de Ahimelech se había derramado por la soberbia de Saúl y el engaño que le hiciera David. Y desde el pozo de la oscuridad sonreía Sama’el.

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