1 Concluidas las festividades, decidió
Yehshua regresar a Galilea atravesando la región de Samaria. 2 Llegaron a las afueras de la ciudad de
Sicar o Siquem donde se decía que Ya’acov había hecho un pozo en la heredad que
había dado a sus hijos.
3 Entraron sus discípulos a la ciudad en
busca de alimentos para la jornada. El sol estaba en lo alto y Yehshua cansado
se sentó junto al pozo. 4 Llegó entonces una mujer a sacar agua
del pozo. Yehshua al verla le pide: “Mujer, dame de beber”.
Yehshua
y la samaritana
5 Comprendiendo la mujer que Yehshua era
judío, le dice: “¿Cómo un judío como tú me pides que te dé de beber, a mí, una
samaritana?” (Es que los judíos consideraban como extraños a los samaritanos
considerándoles corruptos con costumbres asirias y griegas).
6 Yehshua le contestó: “Si conocieras lo
que el Padre regala y supieras quién te pide de beber, tú le habrías pedido a
él… Yo entonces te habría dado una fuente de agua viva”. 7 La mujer le dijo entonces: “Si ni
siquiera tienes con qué sacar el agua del pozo ¿de dónde sacarás esa agua viva?
Tú no eres más que nuestro padre Ya’acov que nos dio este pozo de donde
bebieron tanto él como sus hijos y sus ganados”.
8 Le respondió Yehshua: “Todo el que beba
agua de este pozo volverá a tener sed; pero aquel que beba del agua que yo le
dé, ya jamás estará sediento; porque esa agua se convertirá en él en manantial
permanente para ganar la vida eterna”.
9 “Señor, le dijo la mujer, por favor
dame de esa agua maravillosa para no tener que venir a sacarla de este pozo”.
10 Yehshua le dice entonces: “Ve, llama a
tu marido y regresa aquí”; porque no era bien visto que un hombre conversara a
solas con una mujer casada. Respondió la samaritana: “No tengo marido”
11 Yehshua le dice: “Tienes razón cuando
dices que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora está contigo
no es tu esposo; en esto has dicho la verdad”. Sorprendida le contestó la
mujer: “¿Cómo puedes conocer mi vida; acaso eres un profeta? 12 Si es así, dime dónde debemos adorar a
Dios. Nuestros padres le adoraron en Gerezim, este monte que se ve aquí, en
cambio los judíos afirman que se le debe adorar en el templo de Jerusalén”. 13 Yehshua le respondió: “Créeme, mujer,
llegará el momento cuando ni en Gerezim ni en Jerusalén se adorará al Padre
Eterno. 14 Este momento ya ha llegado, cuando los
fieles verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Son esos los
fieles que quiere el Padre. 15 Dios es en esencia espiritual y su
espíritu no se encierra dentro de unos muros o en templos hechos con la mano de
los hombres, los que le adoran le deben adorar en espíritu y en verdad”.
16 La samaritana le dice entonces: “Todos
esperamos que ha de llegar el Mashíaj, llamado Immanuʼel. Cuando llegue, él nos
anunciará todo y unirá los reinos de Judea, Samaria y Galilea. ¿Quién será el
ungido, el bendecido del Padre?”
17 Yehshua le respondió: “Escucha, mujer,
Yo Soy, el que contigo está hablando”. 18 En
ese momento llegaron sus discípulos y se sorprendieron viéndole hablar a solas
con una mujer. 18 Sin embargo, ninguno le preguntó: “¿Qué
quieres de ella?” o “¿Por qué hablas con ella?”
19 La mujer muy emocionada dejó allí sus
cántaros y corrió hasta la ciudad gritándole a la gente: “¡Vengan, vengan al
pozo de nuestro padre Ya’acov! Creo que he encontrado al Mashíaj, porque el
hombre que encontré hablaba como profeta y me ha dicho todo lo que he hecho”. 20 Todos los que escucharon a la mujer
salieron al encuentro de Yehshua.
El
alimento de Yehshua
21 Mientras tanto, los discípulos le
insistían a Yehshua, diciendo: “Hemos traído panes e higos y no has probado
bocado. Rabbi, debes comer”, 22 pero él les contestó: “Tengan calma
pues yo tengo un alimento que me sostiene y ustedes desconocen”.
23 Los discípulos se preguntaban entre sí:
“¿Alguien le habrá traído de comer?” 24 Les
contestó Yehshua: “Habiendo llegado aquí ya he recibido mi alimento pues cumplo
la voluntad de quien me envió y llevo a cabo su mandato. 25 Ahora les digo: Busquen dentro de
ustedes y verán que los campos ya están listos para la cosecha; y yo me preparo
para recoger sus frutos. Por eso les digo que ya he recibido mi alimento”. 26 En ese mismo momento la gente que venía
de Sicar llegó hasta él, muchos creyendo lo que decía la samaritana cundo les
dijera: “Creo que he encontrado al Mashíaj”, y le rogaron a Yehshua que se
quedara con ellos, y el permaneció en Sicar por dos días. 27 Cuando le escucharon hablar muchos más
creyeron en él y le dijeron a la mujer: “Ya no estamos convencidos por tus
palabras sino por las de él y creemos que es el Mashíaj esperado”.
El
Reino del Padre
28 Después de esto Yehshua se fue a
Galilea y reunió a sus doce escogidos y con ellos se retiró a un monte. 29 Y Yehudah Tadeo le preguntó: “Rabbi,
nos has hablado del Reino del Padre, pero no nos has explicado cómo es ese
reino”.
30 Yehshua le contestó: “Escucha Tadeo. El
Reino del Padre no tiene semejanza alguna con cualquier reino de este mundo. 31 El Padre no se sienta en trono, ni gobierna
por fuerza sobre los hombres; porque el Padre es Luz y Espíritu. 32 El Reino del Padre no hace tratado con
otros reinos ni mueve ejércitos para apoderarse de nuevos territorios. 33 El Reino del Padre es tan grande que
abarca a todo el universo y tan diminuto que cabe dentro de tu alma”.
35 “El Reino del Padre es como un terrón
de sal que se disuelve en el agua y entonces no hay manera de tomarlo en la
mano; pero si se evapora el agua la sal queda en el recipiente”.
La
parábola de la buena semilla y la mala hierba
36 Después Yehshua les dijo, hablando en
parábola: “El Reino del Padre es como un hombre que un día sembró buena semilla
en su campo. Pero por la noche, cuando todos estaban durmiendo, vino su enemigo
y sembró mala hierba entre el trigo, y luego se fue. 37 Cuando el trigo creció y dio sus granos,
también creció la mala hierba. 38 Entonces los siervos del dueño del
campo llegaron hasta él diciéndole: Señor, usted plantó semillas buenas, ¿no es
cierto? Entonces, ¿por qué hay hierbas malas?
39 El dueño les dijo: Eso lo hizo un
enemigo mío. Los siervos preguntaron: ¿Quiere que salgamos y quitemos la mala hierba?
40 Y les contestó el dueño: No, porque
cuando estén arrancando la hierba mala también pueden arrancar el trigo. 41 Dejen que ambos crezcan juntos hasta el
día de la siega. Cuando llegue ese día, les ordenaré a los que recogen la cosecha
que primero recojan la mala hierba y hagan un bulto para quemarlo y que después
pongan el trigo en mi granero”.
42 Los discípulos le dijeron a Yehshua:
“No entendemos el significado de esta historia”. Él les contestó entonces: 43 “El que siembra la buena semilla es el
Hijo del Hombre; 44
el campo es el mundo; la
buena semilla son los hijos del Reino del Padre; la mala hierba son los hijos de
la Sombra. 45 El enemigo que la sembró es Sama’el, el
príncipe de los demonios; la siega es cuando llegue el tiempo de los tiempos;
los segadores son los ángeles. 46 Del mismo modo que se reúne la cizaña y
se quema en el fuego así será el tiempo de los tiempos. 47 El Hijo del Hombre enviará a sus
ángeles y apartarán del Universo del Padre a todos los que causan escándalo y
obran la maldad, 48 y como a la hierba que se quema, así se
hará con los que pecaron sin redención y quisieron dañar la siembra del Hijo,
serán arrojados al círculo del cautiverio y condenados a desaparecer como si
nunca hubieran sido. Allí será el llanto y rechinar de dientes. 49 Entonces los justos brillarán como el
sol en el Paraíso que el Padre les tiene reservado. Quien tenga oídos, que oiga”.
Parábolas
sobre el Reino
50 Y volvió Yehshua a hablarles, y les
dijo: “El Reino del Padre es como una semilla de mostaza que un hombre sembró
en su campo. 51 Esta semilla es la más pequeña de
todas, pero cuando crece, se vuelve la planta más grande del campo. Se hace
árbol a tal punto que vienen las aves y hacen nidos en sus ramas; también el
Reino es como la levadura que una mujer mezcla con mucha harina. Al final toda
la masa queda fermentada”.
52 “Escuchen y entiendan: El Reino de la
Suprema Inteligencia es como un tesoro escondido en un campo. Un día, un hombre
encontró el tesoro y lo escondió allí otra vez. Estaba tan feliz que fue y
vendió todo lo que tenía y compró ese terreno. 53 El
Reino del Padre también es como un vendedor que buscaba perlas finas. 54 Cuando el vendedor encontró una perla
muy costosa, fue y vendió todo lo que tenía y la compró”
55 “En fin, dijo Yehshua, el Reino del
Padre es como una red para pescar que se lanza al mar y en la que caen muchos
peces de diferentes clases. 56 Cuando la red está llena, los
pescadores la llevan a la orilla. Se sientan allí y eligen los peces buenos y
los meten en canastas pero tiran a los peces malos. 57 Lo mismo va a pasar cuando llegue el tiempo
de los tiempos. Los ángeles van a venir y van a separar a los malos de los
justos. 58 Los perversos serán desechados,
perdidos en los abismos de la Sombra y desaparecerán como si nunca hubieran
sido”.
59 Yehshua les preguntó: “¿Entienden todo
lo que les he dicho?” Ellos contestaron: “Sí, entendemos”. Les dijo entonces: “Bueno,
todo maestro de la ley que ha aprendido sobre el reino de Dios es como el dueño
de una casa. De lo que tiene guardado saca cosas nuevas y cosas antiguas. 60 Conozcan también que primero se llamó a
un pueblo para la salvación y, sin embargo, se negó a escuchar a la Voz; pero
más tarde la Voz llamó a otras naciones y siguieron el camino de salvación. 61 Así es que los últimos serán los
primeros, y los primeros serán los últimos”.
¿Dónde
está el Reino?
62 Entonces Shimón Kananay, el Zelote, le
preguntó: “¿Cuándo se hará realidad el Reino?”
Yehshua le contestó: “El Reino no vendrá en forma visible. No dirán:
¡Helo aquí! o ¡Helo allá!, 63 sino que el reino del Padre está
extendido sobre la tierra y los hombres no lo ven. El Reino está en ustedes,
búsquenlo en el interior de sus almas y lo encontrarán. 64 En realidad, el Padre, la Luz, ya reina
entre ustedes”.

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