martes, 5 de agosto de 2014

Libro del Bendecido Yehshua llamado el Mashíaj – Kristo 11




1 Concluidas las festividades, decidió Yehshua regresar a Galilea atravesando la región de Samaria. 2 Llegaron a las afueras de la ciudad de Sicar o Siquem donde se decía que Ya’acov había hecho un pozo en la heredad que había dado a sus hijos.
3 Entraron sus discípulos a la ciudad en busca de alimentos para la jornada. El sol estaba en lo alto y Yehshua cansado se sentó junto al pozo. 4 Llegó entonces una mujer a sacar agua del pozo. Yehshua al verla le pide: “Mujer, dame de beber”.

Yehshua y la samaritana

5 Comprendiendo la mujer que Yehshua era judío, le dice: “¿Cómo un judío como tú me pides que te dé de beber, a mí, una samaritana?” (Es que los judíos consideraban como extraños a los samaritanos considerándoles corruptos con costumbres asirias y griegas).
6 Yehshua le contestó: “Si conocieras lo que el Padre regala y supieras quién te pide de beber, tú le habrías pedido a él… Yo entonces te habría dado una fuente de agua viva”. 7 La mujer le dijo entonces: “Si ni siquiera tienes con qué sacar el agua del pozo ¿de dónde sacarás esa agua viva? Tú no eres más que nuestro padre Ya’acov que nos dio este pozo de donde bebieron tanto él como sus hijos y sus ganados”.
8 Le respondió Yehshua: “Todo el que beba agua de este pozo volverá a tener sed; pero aquel que beba del agua que yo le dé, ya jamás estará sediento; porque esa agua se convertirá en él en manantial permanente para ganar la vida eterna”.
9 “Señor, le dijo la mujer, por favor dame de esa agua maravillosa para no tener que venir a sacarla de este pozo”.
10 Yehshua le dice entonces: “Ve, llama a tu marido y regresa aquí”; porque no era bien visto que un hombre conversara a solas con una mujer casada. Respondió la samaritana: “No tengo marido”
11 Yehshua le dice: “Tienes razón cuando dices que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora está contigo no es tu esposo; en esto has dicho la verdad”. Sorprendida le contestó la mujer: “¿Cómo puedes conocer mi vida; acaso eres un profeta? 12 Si es así, dime dónde debemos adorar a Dios. Nuestros padres le adoraron en Gerezim, este monte que se ve aquí, en cambio los judíos afirman que se le debe adorar en el templo de Jerusalén”. 13 Yehshua le respondió: “Créeme, mujer, llegará el momento cuando ni en Gerezim ni en Jerusalén se adorará al Padre Eterno. 14 Este momento ya ha llegado, cuando los fieles verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Son esos los fieles que quiere el Padre. 15 Dios es en esencia espiritual y su espíritu no se encierra dentro de unos muros o en templos hechos con la mano de los hombres, los que le adoran le deben adorar en espíritu y en verdad”.
16 La samaritana le dice entonces: “Todos esperamos que ha de llegar el Mashíaj, llamado Immanuʼel. Cuando llegue, él nos anunciará todo y unirá los reinos de Judea, Samaria y Galilea. ¿Quién será el ungido, el bendecido del Padre?”
17 Yehshua le respondió: “Escucha, mujer, Yo Soy, el que contigo está hablando”. 18 En ese momento llegaron sus discípulos y se sorprendieron viéndole hablar a solas con una mujer. 18 Sin embargo, ninguno le preguntó: “¿Qué quieres de ella?” o “¿Por qué hablas con ella?”
19 La mujer muy emocionada dejó allí sus cántaros y corrió hasta la ciudad gritándole a la gente: “¡Vengan, vengan al pozo de nuestro padre Ya’acov! Creo que he encontrado al Mashíaj, porque el hombre que encontré hablaba como profeta y me ha dicho todo lo que he hecho”. 20 Todos los que escucharon a la mujer salieron al encuentro de Yehshua.

El alimento de Yehshua

21 Mientras tanto, los discípulos le insistían a Yehshua, diciendo: “Hemos traído panes e higos y no has probado bocado. Rabbi, debes comer”, 22 pero él les contestó: “Tengan calma pues yo tengo un alimento que me sostiene y ustedes desconocen”.
23 Los discípulos se preguntaban entre sí: “¿Alguien le habrá traído de comer?” 24 Les contestó Yehshua: “Habiendo llegado aquí ya he recibido mi alimento pues cumplo la voluntad de quien me envió y llevo a cabo su mandato. 25 Ahora les digo: Busquen dentro de ustedes y verán que los campos ya están listos para la cosecha; y yo me preparo para recoger sus frutos. Por eso les digo que ya he recibido mi alimento”. 26 En ese mismo momento la gente que venía de Sicar llegó hasta él, muchos creyendo lo que decía la samaritana cundo les dijera: “Creo que he encontrado al Mashíaj”, y le rogaron a Yehshua que se quedara con ellos, y el permaneció en Sicar por dos días. 27 Cuando le escucharon hablar muchos más creyeron en él y le dijeron a la mujer: “Ya no estamos convencidos por tus palabras sino por las de él y creemos que es el Mashíaj esperado”.

El Reino del Padre


28 Después de esto Yehshua se fue a Galilea y reunió a sus doce escogidos y con ellos se retiró a un monte. 29 Y Yehudah Tadeo le preguntó: “Rabbi, nos has hablado del Reino del Padre, pero no nos has explicado cómo es ese reino”.
30 Yehshua le contestó: “Escucha Tadeo. El Reino del Padre no tiene semejanza alguna con cualquier reino de este mundo. 31 El Padre no se sienta en trono, ni gobierna por fuerza sobre los hombres; porque el Padre es Luz y Espíritu. 32 El Reino del Padre no hace tratado con otros reinos ni mueve ejércitos para apoderarse de nuevos territorios. 33 El Reino del Padre es tan grande que abarca a todo el universo y tan diminuto que cabe dentro de tu alma”.
35 “El Reino del Padre es como un terrón de sal que se disuelve en el agua y entonces no hay manera de tomarlo en la mano; pero si se evapora el agua la sal queda en el recipiente”.

La parábola de la buena semilla y la mala hierba

36 Después Yehshua les dijo, hablando en parábola: “El Reino del Padre es como un hombre que un día sembró buena semilla en su campo. Pero por la noche, cuando todos estaban durmiendo, vino su enemigo y sembró mala hierba entre el trigo, y luego se fue. 37 Cuando el trigo creció y dio sus granos, también creció la mala hierba. 38 Entonces los siervos del dueño del campo llegaron hasta él diciéndole: Señor, usted plantó semillas buenas, ¿no es cierto? Entonces, ¿por qué hay hierbas malas?
39 El dueño les dijo: Eso lo hizo un enemigo mío. Los siervos preguntaron: ¿Quiere que salgamos y quitemos la mala hierba? 40 Y les contestó el dueño: No, porque cuando estén arrancando la hierba mala también pueden arrancar el trigo. 41 Dejen que ambos crezcan juntos hasta el día de la siega. Cuando llegue ese día, les ordenaré a los que recogen la cosecha que primero recojan la mala hierba y hagan un bulto para quemarlo y que después pongan el trigo en mi granero”.
42 Los discípulos le dijeron a Yehshua: “No entendemos el significado de esta historia”. Él les contestó entonces: 43 “El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; 44 el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino del Padre; la mala hierba son los hijos de la Sombra. 45 El enemigo que la sembró es Sama’el, el príncipe de los demonios; la siega es cuando llegue el tiempo de los tiempos; los segadores son los ángeles. 46 Del mismo modo que se reúne la cizaña y se quema en el fuego así será el tiempo de los tiempos. 47 El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y apartarán del Universo del Padre a todos los que causan escándalo y obran la maldad, 48 y como a la hierba que se quema, así se hará con los que pecaron sin redención y quisieron dañar la siembra del Hijo, serán arrojados al círculo del cautiverio y condenados a desaparecer como si nunca hubieran sido. Allí será el llanto y rechinar de dientes. 49 Entonces los justos brillarán como el sol en el Paraíso que el Padre les tiene reservado. Quien tenga oídos, que oiga”.

Parábolas sobre el Reino

50 Y volvió Yehshua a hablarles, y les dijo: “El Reino del Padre es como una semilla de mostaza que un hombre sembró en su campo. 51 Esta semilla es la más pequeña de todas, pero cuando crece, se vuelve la planta más grande del campo. Se hace árbol a tal punto que vienen las aves y hacen nidos en sus ramas; también el Reino es como la levadura que una mujer mezcla con mucha harina. Al final toda la masa queda fermentada”.
52 “Escuchen y entiendan: El Reino de la Suprema Inteligencia es como un tesoro escondido en un campo. Un día, un hombre encontró el tesoro y lo escondió allí otra vez. Estaba tan feliz que fue y vendió todo lo que tenía y compró ese terreno. 53 El Reino del Padre también es como un vendedor que buscaba perlas finas. 54 Cuando el vendedor encontró una perla muy costosa, fue y vendió todo lo que tenía y la compró”
55 “En fin, dijo Yehshua, el Reino del Padre es como una red para pescar que se lanza al mar y en la que caen muchos peces de diferentes clases. 56 Cuando la red está llena, los pescadores la llevan a la orilla. Se sientan allí y eligen los peces buenos y los meten en canastas pero tiran a los peces malos. 57 Lo mismo va a pasar cuando llegue el tiempo de los tiempos. Los ángeles van a venir y van a separar a los malos de los justos. 58 Los perversos serán desechados, perdidos en los abismos de la Sombra y desaparecerán como si nunca hubieran sido”.
59 Yehshua les preguntó: “¿Entienden todo lo que les he dicho?” Ellos contestaron: “Sí, entendemos”. Les dijo entonces: “Bueno, todo maestro de la ley que ha aprendido sobre el reino de Dios es como el dueño de una casa. De lo que tiene guardado saca cosas nuevas y cosas antiguas. 60 Conozcan también que primero se llamó a un pueblo para la salvación y, sin embargo, se negó a escuchar a la Voz; pero más tarde la Voz llamó a otras naciones y siguieron el camino de salvación. 61 Así es que los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos”.

¿Dónde está el Reino?


62 Entonces Shimón Kananay, el Zelote, le preguntó: “¿Cuándo se hará realidad el Reino?”  Yehshua le contestó: “El Reino no vendrá en forma visible. No dirán: ¡Helo aquí! o ¡Helo allá!, 63 sino que el reino del Padre está extendido sobre la tierra y los hombres no lo ven. El Reino está en ustedes, búsquenlo en el interior de sus almas y lo encontrarán. 64 En realidad, el Padre, la Luz, ya reina entre ustedes”.

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