martes, 19 de agosto de 2014

Libros de la Biblia donde hay verdadera inspiración


Introducción

La Biblia es el sagrado libro de judíos y cristianos. Se cree que todos los textos bíblicos fueron inspirados por Dios e interpretados por hombres iluminados que redactaban los relatos según recibían el mensaje divino. Y ciertamente, dentro de la Biblia, junto a palabras de hombres, a tradiciones humanas, y al modo que tenían de ver el mundo los escribanos, hay en la Biblia textos con verdadera inspiración divina. Por esto, cuando se lee la Biblia hay que separar en ella la paja del trigo.

Queridos hermanos en Yehshua, nuestro Salvador, voy a analizar cada uno de los libros bíblicos para encontrar con ustedes lo que, ciertamente, puede considerarse como inspiración dentro de sus textos. Antes debo encomendarme a la Luz del Universo, pidiendo su iluminación por medio de la oración modificada de Tomás de Aquino: “Divina Inteligencia, Tú que eres la verdadera fuente de luz y sabiduría, y el soberano principio, dígnate infundir sobre las tinieblas de mi entendimiento un rayo de tu luz, apartando de mí la doble oscuridad en que he crecido: el pecado y la ignorancia. Dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y facilidad para aprender, sutileza para interpretar, y gracia copiosa para hablar. Dame acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al acabar”.

GENESIS

Génesis es el primer libro del Pentateuco, erróneamente atribuido a Moshé, y, al mismo tiempo el primer libro de la Biblia. Base para que los fundamentalistas rechacen la teoría de la evolución de las especies y calculen la existencia del universo, o al menos el del planeta, en menos de 10 mil años. Según cálculos de los rabinos, el surgimiento (creación) del universo ocurrió 3760 años ante de la era cristiana; o sea, aproximadamente 5 800 años y de acuerdo con los cálculos del obispo James Ussher en Oxford en 1640, el tiempo transcurrido desde el Génesis hasta la crucifixión de Yehshua fue solo de 4004 años.

Estos datos fueron corregidos en 1644 por un estudioso de la lengua hebrea de la Universidad de Cambridge, John Lightfoot, asegurando que, de acuerdo con sus cálculos, la tierra fue creada en el año 3929 A. C.

Todos estos datos han sido demostrados erróneos y falsos. Dios no inspira algo que no sea rigurosamente cierto, aunque puede hacerlo empleando expresiones más sencillas de la verdad, tal y como hoy en día se le pudiera explicar a un niño el origen del universo, de la vida y de las especies.

El Génesis es un compendio de mitos y leyendas tomadas del folklore popular y de relatos sumerios, y presentados, ¡claro está!, con una intención teológica de motivación para un público sin formación científica y dado a la fabulación. Nada malo hay en la intención; pero el tema no es inspirado por Dios; porque Dios no miente, no elabora mitos, y todo el relato de la creación es solo eso: un mito.

El relato de la expulsión del hombre, de Adán y Eva, del Edén, es solo mitología que trata de explicar por qué el ser humano está sometido a la muerte y la intención, verdadera de Dios, de conceder la vida eterna.

Ninguno de los relatos incluidos en los capítulos de 1 al 11, pueden ser considerados inspirados por Dios. Solo en los versículos 3 y 4 del primer capítulo podemos encontrar una expresión que puede ser considerada como inspirada: “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas”. Inspirada, porque este es el principio de la separación de Dios, Suprema Inteligencia, como Luz del Universo, de la Sombra, del ahrimán y el inicio para la expansión de la materia, por la gran dispersión de energía (el Big Bang) que provocó  Dios al separar la Luz de la Sombra.

Obsérvese que esta declaración de la aparición de la Luz, aparece como hecha en el primer día de la “creación”, cuatro días antes de que “creara” “las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche”, el sol y la luna.

Dios no es tonto. El conoce que las plantas verdes requieren de la luz solar y de la influencia de la luna para crecer y reproducirse; ¿cómo es posible que hiciera que la tierra produjera “hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género” el tercer día, es decir, antes de “crear” al sol y la luna?

Si tomamos como válido lo que muchos aducen que un día para Dios equivalen a mil años para los humanos, entonces tenemos que creer ─ yo no lo creo ─ que las plantas verdes estuvieran creciendo durante mil años sin recibir la influencia del sol.

El principio del capítulo 6 es un relato absurdo; habla del pecado de los “hijos de Dios ─ hijos de Elokhin ─ (…) tomaron para sí mujeres (las hijas de los hombres), escogiendo entre todas”.  Y nos informa que “había gigantes (Néfilim) en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos”.

¿Quiénes son esos hijos de Dios? Esto no se aclara, quizá sean los ángeles rebeldes, los grigori, que se mencionan en algunos apócrifos bíblicos y en el libro de Enoc.

Un principio de la conservación de las especies es la reproducción sexual de todos los seres sometidos a la muerte biológica. Los ángeles son inmortales y, por tanto no tienen que reproducirse, no están sometido a la ley biológica de la conservación por medio de la reproducción sexual y, por ende, carecen de órganos reproductivos; los “hijos de Dios”, seres espirituales, no son ni masculinos ni femeninos y no hay razón para que posean falo o útero. Por tanto este relato de fornicación de ángeles con humanas es pura mitología, sin ningún sentido, ni fisiológico ni teológico.

Sin más el relato salta del tema de la lujuria de los ángeles para mostrar el arrepentimiento de Dios por haber creado al hombre: “Y se arrepintió Yahvé de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón” (Gen. 6: 6). Aquí se le atribuye a Dios, Suprema Inteligencia, sentimiento puramente humanos, arrepentimiento, decepción y venganza mostrando en su intención de borrar “de sobre la faz de la tierra a los hombres” que había “creado”, “desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho”. ¿No es una actitud alucinada querer destruir, no solo al hombre, culpable de haber defraudado a Dios, sino también a todo ser viviente animal, las bestias, los reptiles y las aves del cielo?

¿Acaso se está negando la capacidad de Dios de prever el futuro, al no haber previsto la maldad del hombre? Dios tiene el poder de ver el futuro y así lo anunciaba a los profetas por medio de los ángeles y por el Espíritu Santo. Este pasaje, por tanto, no es inspiración divina, sino fábula de los escribanos o de los copistas.

Los capítulos del 12 al 50, último del libro, recogen en forma fabulada la historia del surgimiento del pueblo judío y de su religión, pero todo con un sentido específico para los judíos, sin mayores consecuencias para los tiempos después de la era cristiana, salvo el reconocimiento de Abraham como precursor de la idea del “pueblo escogido” que Yehshua extendió hasta los goyim, es decir, el mundo gentil, al resto de la humanidad no de origen judío.

EXODO

Es un libro interesante. En él se encuentra inspiración y una gran cantidad de proposiciones humanas, incluyendo algunos relatos ficticios a través de los cuales se muestra a Yahvé (La Suprema Inteligencia) como un dios celoso y dispuesto a lanzar toda maldición y violencia hacia los no creyentes.

El capítulo 3, aunque con algunos agregados de acuerdo al modo judío, es un capítulo inspirado. Espacialmente desde los versículos 3 al 17.

Dios se muestra como Dios de vivientes, que ve la aflicción de su pueblo sometido a la esclavitud en Egipto, como representación de la esclavitud del pecado al que están sometidos los humanos, y siente compasión, elemento esencial en la personalidad, si vale el sustantivo, del Dios de la Vida. Él quiere “y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel…”

Dios quiere liberarnos del pecado y conducirnos a una tierra buena y ancha, donde no existan enfermedades, ni hambre, ni muerte; a su gloria. Dios se identifica a sí mismo diciéndole a Moshé: “YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros”. Dios es el verdadero, es la verdad absoluta, el que siempre vive.

Dios ha elegido a Moshé para ser el liberador de su pueblo, como antecedente del rescate definitivo que vendrá por medio de la cruz de Kristo. Yehshua es el nuevo Moshé, redentor de su pueblo.

En el capítulo 4, Dios ante la duda de Moshé que teme no ser apto para dar a conocer su palabra le dice: “Entonces dijo Moshé a Yahvé: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua”.

Y Yahvé le respondió: ‘¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Yahvé? Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar’”. (Ex. 4: 10-12)

El cristiano no debe dudar de su capacidad para proclamar la palabra verdadera de la Suprema Inteligencia. Ha de sentir que El, siempre le protegerá solo pidiéndole que guarde su Palabra; porque El inspirará lo que se ha de hablar.

Desde el capítulo 5 hasta el 11, se muestra un relato un tanto fantástico, sin carácter de inspiración, más bien se trata de una leyenda. En los capítulos 11 y 12, Dios se muestra despiadado con inocentes, haciendo que todos los primogénitos, “desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias. Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá (…) Y aconteció que a la medianoche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito de los animales. Y se levantó aquella noche Faraón, él y todos sus siervos, y todos los egipcios; y hubo un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiese un muerto” (Ex. 11: 5 y 6 y EX: 12: 29 y 30).

No existe record alguno en la historia de Egipto que verifique la realidad de un hecho tan estremecedor, como la muerte de todos los progenitores para que no se registrara en los escritos egipcios.

El resto de los escritos de este libro recoge numerosas leyes dictadas, supuestamente por Moshé y atribuidas a Dios como legislador incuestionable. Además se describen los ritos y festividades religiosos que debían seguir los judíos pero  que nada, o muy poco, concierne al cristianismo.

Levítico es el tercer libro del Pentateuco y si se suprime del canon, para nada afectaría a la fe y a la práctica de los cristianos.

El cuarto libro es Números, un conjunto de leyes y anécdotas sin reflejar la inspiración de Dios. Las leyes recogidas en este libro han dejado de tener vigencia y los cristianos no tienen que someterse a las mismas. Lo mismo puede decirse sobre el libro Deuteronomio. Lo que aparenta inspiración en su texto es solo de valor para el judaísmo.

LIBROS INSPIRADOS EN LA BIBLIA
Estos libros son:
Salmos, Proverbios, Eclesiastés y los libros de los profetas.
Job es un libro que puede ser leído, separando de él todo lo específicamente judaico.

Los profetas, se deben leer atendiendo a las profecías no referidas a los problemas específicos de Yisraeil sino a todas las que tienen proyección universal de futuro y las que predicen la llegada del Mashíaj, su ministerio y su pasión.

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