Introducción
La Biblia es el sagrado libro de judíos
y cristianos. Se cree que todos los textos bíblicos fueron inspirados por Dios
e interpretados por hombres iluminados que redactaban los relatos según
recibían el mensaje divino. Y ciertamente, dentro de la Biblia, junto a
palabras de hombres, a tradiciones humanas, y al modo que tenían de ver el
mundo los escribanos, hay en la Biblia textos con verdadera inspiración divina.
Por esto, cuando se lee la Biblia hay que separar en ella la paja del trigo.
Queridos hermanos en Yehshua, nuestro
Salvador, voy a analizar cada uno de los libros bíblicos para encontrar con
ustedes lo que, ciertamente, puede considerarse como inspiración dentro de sus
textos. Antes debo encomendarme a la Luz del Universo, pidiendo su iluminación por
medio de la oración modificada de Tomás de Aquino: “Divina Inteligencia, Tú que eres la verdadera fuente de luz y
sabiduría, y el soberano principio, dígnate infundir sobre las tinieblas de mi
entendimiento un rayo de tu luz, apartando de mí la doble oscuridad en que he
crecido: el pecado y la ignorancia. Dame agudeza para entender, capacidad para
retener, método y facilidad para aprender, sutileza para interpretar, y gracia
copiosa para hablar. Dame acierto al empezar, dirección al progresar y
perfección al acabar”.
GENESIS
Génesis es el primer libro del
Pentateuco, erróneamente atribuido a Moshé, y, al mismo tiempo el primer libro
de la Biblia. Base para que los fundamentalistas rechacen la teoría de la
evolución de las especies y calculen la existencia del universo, o al menos el
del planeta, en menos de 10 mil años. Según cálculos de los rabinos, el
surgimiento (creación) del universo ocurrió 3760 años ante de la era cristiana;
o sea, aproximadamente 5 800 años y de acuerdo con los cálculos del obispo James
Ussher en Oxford en 1640, el tiempo transcurrido desde el Génesis hasta la
crucifixión de Yehshua fue solo de 4004 años.
Estos datos fueron corregidos en 1644
por un estudioso de la lengua hebrea de la Universidad de Cambridge, John
Lightfoot, asegurando que, de acuerdo con sus cálculos, la tierra fue creada en
el año 3929 A. C.
Todos estos datos han sido demostrados
erróneos y falsos. Dios no inspira algo que no sea rigurosamente cierto, aunque
puede hacerlo empleando expresiones más sencillas de la verdad, tal y como hoy
en día se le pudiera explicar a un niño el origen del universo, de la vida y de
las especies.
El Génesis es un compendio de mitos y
leyendas tomadas del folklore popular y de relatos sumerios, y presentados,
¡claro está!, con una intención teológica de motivación para un público sin
formación científica y dado a la fabulación. Nada malo hay en la intención;
pero el tema no es inspirado por Dios; porque Dios no miente, no elabora mitos,
y todo el relato de la creación es solo eso: un mito.
El relato de la expulsión del hombre, de
Adán y Eva, del Edén, es solo mitología que trata de explicar por qué el ser
humano está sometido a la muerte y la intención, verdadera de Dios, de conceder
la vida eterna.
Ninguno de los relatos incluidos en los
capítulos de 1 al 11, pueden ser considerados inspirados por Dios. Solo en los
versículos 3 y 4 del primer capítulo podemos encontrar una expresión que puede
ser considerada como inspirada: “Y dijo Dios:
Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz
de las tinieblas”. Inspirada, porque este es el principio de la separación
de Dios, Suprema Inteligencia, como Luz del Universo, de la Sombra, del ahrimán
y el inicio para la expansión de la materia, por la gran dispersión de energía
(el Big Bang) que provocó Dios al separar la Luz de la Sombra.
Obsérvese que esta declaración de la
aparición de la Luz, aparece como hecha en el primer día de la “creación”,
cuatro días antes de que “creara” “las
dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la
lumbrera menor para que señorease en la noche”, el sol y la luna.
Dios no es tonto. El conoce que las
plantas verdes requieren de la luz solar y de la influencia de la luna para
crecer y reproducirse; ¿cómo es posible que hiciera que la tierra produjera “hierba verde, hierba que da semilla según su
naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género”
el tercer día, es decir, antes de “crear” al sol y la luna?
Si tomamos como válido lo que muchos
aducen que un día para Dios equivalen a mil años para los humanos, entonces
tenemos que creer ─ yo no lo creo ─ que las plantas verdes estuvieran creciendo
durante mil años sin recibir la influencia del sol.
El principio del capítulo 6 es un relato
absurdo; habla del pecado de los “hijos
de Dios ─ hijos de Elokhin ─ (…) tomaron para sí mujeres (las hijas de
los hombres), escogiendo entre todas”. Y
nos informa que “había gigantes (Néfilim) en la tierra en aquellos días, y también
después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les
engendraron hijos”.
¿Quiénes son esos hijos de Dios? Esto no
se aclara, quizá sean los ángeles rebeldes, los grigori, que se mencionan en algunos
apócrifos bíblicos y en el libro de Enoc.
Un principio de la conservación de las
especies es la reproducción sexual de todos los seres sometidos a la muerte
biológica. Los ángeles son inmortales y, por tanto no tienen que reproducirse,
no están sometido a la ley biológica de la conservación por medio de la
reproducción sexual y, por ende, carecen de órganos reproductivos; los “hijos
de Dios”, seres espirituales, no son ni masculinos ni femeninos y no hay razón
para que posean falo o útero. Por tanto este relato de fornicación de ángeles
con humanas es pura mitología, sin ningún sentido, ni fisiológico ni teológico.
Sin más el relato salta del tema de la
lujuria de los ángeles para mostrar el arrepentimiento de Dios por haber creado
al hombre: “Y se arrepintió Yahvé de
haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón” (Gen. 6: 6). Aquí
se le atribuye a Dios, Suprema Inteligencia, sentimiento puramente humanos,
arrepentimiento, decepción y venganza mostrando en su intención de borrar “de
sobre la faz de la tierra a los hombres” que había “creado”, “desde el hombre hasta la bestia, y hasta el
reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho”. ¿No es
una actitud alucinada querer destruir, no solo al hombre, culpable de haber
defraudado a Dios, sino también a todo ser viviente animal, las bestias, los
reptiles y las aves del cielo?
¿Acaso se está negando la capacidad de
Dios de prever el futuro, al no haber previsto la maldad del hombre? Dios tiene
el poder de ver el futuro y así lo anunciaba a los profetas por medio de los
ángeles y por el Espíritu Santo. Este pasaje, por tanto, no es inspiración divina,
sino fábula de los escribanos o de los copistas.
Los capítulos del 12 al 50, último del
libro, recogen en forma fabulada la historia del surgimiento del pueblo judío y
de su religión, pero todo con un sentido específico para los judíos, sin
mayores consecuencias para los tiempos después de la era cristiana, salvo el
reconocimiento de Abraham como precursor de la idea del “pueblo escogido” que
Yehshua extendió hasta los goyim, es decir, el mundo gentil, al resto de la
humanidad no de origen judío.
EXODO
Es un libro interesante. En él se
encuentra inspiración y una gran cantidad de proposiciones humanas, incluyendo
algunos relatos ficticios a través de los cuales se muestra a Yahvé (La Suprema
Inteligencia) como un dios celoso y dispuesto a lanzar toda maldición y
violencia hacia los no creyentes.
El capítulo 3, aunque con algunos agregados
de acuerdo al modo judío, es un capítulo inspirado. Espacialmente desde los
versículos 3 al 17.
Dios se muestra como Dios de vivientes,
que ve la aflicción de su pueblo sometido a la esclavitud en Egipto, como
representación de la esclavitud del pecado al que están sometidos los humanos,
y siente compasión, elemento esencial en la personalidad, si vale el
sustantivo, del Dios de la Vida. Él quiere “y
sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche
y miel…”
Dios quiere liberarnos del pecado y
conducirnos a una tierra buena y ancha, donde no existan enfermedades, ni
hambre, ni muerte; a su gloria. Dios se identifica a sí mismo diciéndole a
Moshé: “YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me
envió a vosotros”. Dios es el verdadero, es la verdad absoluta, el que siempre
vive.
Dios ha elegido a Moshé para ser el
liberador de su pueblo, como antecedente del rescate definitivo que vendrá por
medio de la cruz de Kristo. Yehshua es el nuevo Moshé, redentor de su pueblo.
En el capítulo 4, Dios ante la duda de
Moshé que teme no ser apto para dar a conocer su palabra le dice: “Entonces dijo Moshé a Yahvé: ¡Ay, Señor!
nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu
siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua”.
“Y
Yahvé le respondió: ‘¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al
sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Yahvé? Ahora pues, ve, y yo estaré con
tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar’”. (Ex. 4: 10-12)
El cristiano no debe dudar de su
capacidad para proclamar la palabra verdadera de la Suprema Inteligencia. Ha de
sentir que El, siempre le protegerá solo pidiéndole que guarde su Palabra;
porque El inspirará lo que se ha de hablar.
Desde el capítulo 5 hasta el 11, se
muestra un relato un tanto fantástico, sin carácter de inspiración, más bien se
trata de una leyenda. En los capítulos 11 y 12, Dios se muestra despiadado con
inocentes, haciendo que todos los primogénitos, “desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el
primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las
bestias. Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni
jamás habrá (…) Y aconteció que a la
medianoche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el
primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono hasta el primogénito del
cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito de los animales. Y se
levantó aquella noche Faraón, él y todos sus siervos, y todos los egipcios; y
hubo un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiese un muerto”
(Ex. 11: 5 y 6 y EX: 12: 29 y 30).
No existe record alguno en la historia
de Egipto que verifique la realidad de un hecho tan estremecedor, como la
muerte de todos los progenitores para que no se registrara en los escritos
egipcios.
El resto de los escritos de este libro
recoge numerosas leyes dictadas, supuestamente por Moshé y atribuidas a Dios
como legislador incuestionable. Además se describen los ritos y festividades
religiosos que debían seguir los judíos pero que nada, o muy poco, concierne al
cristianismo.
Levítico es el tercer libro del
Pentateuco y si se suprime del canon, para nada afectaría a la fe y a la práctica
de los cristianos.
El cuarto libro es Números, un conjunto
de leyes y anécdotas sin reflejar la inspiración de Dios. Las leyes recogidas
en este libro han dejado de tener vigencia y los cristianos no tienen que
someterse a las mismas. Lo mismo puede decirse sobre el libro Deuteronomio. Lo
que aparenta inspiración en su texto es solo de valor para el judaísmo.
LIBROS INSPIRADOS EN LA BIBLIA
Estos libros son:
Salmos, Proverbios, Eclesiastés y los
libros de los profetas.
Job es un libro que puede ser leído,
separando de él todo lo específicamente judaico.
Los profetas, se deben leer atendiendo a
las profecías no referidas a los problemas específicos de Yisraeil sino a todas
las que tienen proyección universal de futuro y las que predicen la llegada del
Mashíaj, su ministerio y su pasión.

No hay comentarios:
Publicar un comentario