viernes, 15 de agosto de 2014

Libro del Bendecido Yehshua llamado el Mashíaj – Kristo 14


Yehshua, Señor del Sabbath

1 Era el séptimo día de la semana, el Sabbath que para los judíos es día sagrado de descanso y estaba Yehshua enseñando en una sinagoga. 2 Y había allí una anciana que padecía de una enfermedad de los huesos que por dieciocho años la mantenía encorvada y todos creían que su enfermedad era causada por los demonios. 3 Al verla, Yehshua la llamó y le dijo: “Mujer, quedas libre de tu enfermedad”. Y luego que le impuso las manos la mujer pudo enderezarse y comenzó a aclamar a Dios.
4 Al ver esto, el principal de la sinagoga se molestó pues Yehshua había hecho una curación en el día del reposo entonces le dijo a los que estaban en la sinagoga: “Seis día hay para trabajar y en ellos harás tus obras, pero el séptimo es sabbath de Yah tu Dios, como ordenan las escrituras; en esos días pueden venir para ser curados y no en el Sabbath bendecido de Yah”
5 Yehshua le respondió: “¡Hipócritas! ¿Cuál de ustedes  no desata en Sabbath a su buey o a su asno y lo lleva a beber? Y esta mujer que ustedes creen que ha sido atada por Baal Zebut ─ tan hija de Abraham como ustedes ─, ¿No debe ser desatada de sus ataduras en día de reposo? 6 No entienden lo dicho en las escrituras cuando el Padre dijo: Lo que quiero es que sean misericordiosos y no que me ofrezcan sacrificios. Si lo hubieran entendido, no condenarían a los que no han cometido ninguna falta”.
7 Entonces viendo a un hombre que tenía la mano tullida, le llamó y dijo: “Ponte aquí en el medio”. 8 Y se dirigió a todos los que estaban en la sinagoga: “Les voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido hacer en sabbath: el bien o el mal? ¿Salvar una vida o destruirla?” Pero ninguno le contestó. 9 Yehshua miró entonces con enojo a los que le rodeaban, y entristecido por la dureza de sus corazones, le dijo a aquel hombre: “Extiende la mano”. El hombre lo hizo así, la extendió, y le quedó tan sana como la otra.
10 Y dijo además Yehshua: “El Sabbath, el día de reposo, se estableció por Moshé para bien del hombre, y no es el hombre al que se consagra para el día de reposo. Así les digo y así les aseguro, el Hijo del Hombre tiene potestad sobre el día de reposo”. 11 Todos avergonzados escuchando a Yehshua guardaron silencio. 12 Pero cuando los fariseos salieron, se enojaron mucho y comenzaron a discutir y comenzaron a hacer planes con los del partido de Herodes para matar a Yehshua.

Yehshua y sus discípulos invitados a una cena de fariseos y sofer

13 Unos fariseos y algunos sofer maestros de la Ley llegados desde Jerusalén invitaron a Yehshua y a sus discípulos a una cena, 14 y cuando observaron a algunos de los discípulos comiendo sin antes observar el rito de enjuagarse las manos le preguntaron a Yehshua: “¿Por qué tus discípulos no siguen la tradición de los ancianos, pues comen sin antes cumplir con el rito de lavarse las manos?”
15 Yehshua les contestó: “No sean hipócritas ¿No violan ustedes el mandato del Padre de honrar a tus padres cuando siguen sus propias tradiciones? Ustedes han enseñado que un hijo puede decirle a sus progenitores: ‘Cualquier ayuda que pudiera darles ya se la ofrecí a Yah’. 16 En ese caso, el tal hijo ya no está obligado a hacer nada por su padre ni por su madre. Así, por la tradición que se transmiten entre ustedes, anulan la palabra de Dios. Y, de esta manera, hacen muchas cosas parecidas”.
17 “Cuán cierto estaba Ieshaiá cuando profetizó sobre estos días diciendo: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me adoran; sus enseñanzas no son más que dictados humanos.

Guías ciegos

18 “Ustedes han desechado los mandamientos divinos y se aferran a las tradiciones humanas. Son guías ciegos. Los sacerdotes y los escribas se han apartado del camino y han hecho tropezar a muchos interpretando la Ley según sus propios criterios. Son ciegos, guías de ciegos. 19 Algo más les diré: Dios y su Pacto no acatan los actos de ustedes; no están en las purificaciones que practican; no están en el afán de riquezas; no están en el odio que ustedes profesan contra sus enemigos; porque todo esto está alejado del Padre y de sus benditos ángeles. 20 Todas esa cosas vienen de las sombras y del príncipe de todo mal”.

Lo que contamina a las personas

21 Entonces Yehshua se dirigió a las personas que se habían reunido afuera y dijo: “Escuchen y entiendan. 22 Lo que contamina a una persona no es lo que entra por la boca sino lo que sale de ella”.
23 Cuando Yehshua y sus discípulos se retiraban, estos le advirtieron: “¿Te das cuenta de que con lo que acabas de decir has enfurecido a los fariseos y todos se declararán enemigos tuyos?” 24 Yehshua les contestó: “Toda planta que el Padre del Universo no haya plantado será arrancada de raíz. No se inquieten por lo que puedan decir, son guías ciegos; y si un ciego guía a otro ciego, los dos tropezarán y caerán en un hoyo”.

25 Kefa le preguntó entonces: “Explícanos eso que dijiste sobre la contaminación de los alimentos”. 24 Le contestó Yehshua: “¿Tampoco ustedes pueden entenderlo? ¿No se dan cuenta que lo que alguien come no lo puede volver impuro; que todo lo que entra en la boca va al estómago y después se echa en la letrina? Lo que una persona coma no le afecta a su espíritu, pero lo que sale de la boca viene de lo interior, de la mente y contamina a la persona. 25 Porque de la mente salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, la depravación sexual, los robos, los falsos testimonios y las calumnias. 26 Éstas son las cosas que contaminan a la persona, y no el comer sin lavarse las manos, ni este ni aquel alimento”.

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