jueves, 21 de agosto de 2014

JOB (1 – 10)


Capítulo 1

1 Había en el país de Us un hombre llamado Job. Este hombre era íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal.

2 Le habían nacido siete hijos y tres hijas, 3 y poseía una hacienda de siete mil ovejas, y tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes y quinientas asnas, además de una servidumbre muy numerosa. Este hombre era el más rico entre todos los Orientales.

4 Sus hijos tenían la costumbre de ofrecer por turno un banquete, cada uno en su propia casa, e invitaban a sus tres hermanas a comer y a beber con ellos.

5 Una vez concluido el ciclo de los festejos, Job los hacía venir y los purificaba; después se levantaba muy de madrugada y ofrecía un holocausto por cada uno de ellos. Porque pensaba: “Tal vez mis hijos hayan pecado y maldecido a Yahvahé en su corazón”. Así procedía Job indefectiblemente.

El comienzo de la prueba

6 El día en que los hijos de Dios fueron a presentarse delante de Yahvahé, también Ha-Satan (el acusador) estaba en medio de ellos.

7 Yahvahé le dijo: “¿De dónde vienes?” Ha-Satan respondió a Yahvahé: “De recorrer la tierra y pasearme por ella”.

8 Entonces Yahvahé le dijo: “¿Te has fijado en mi servidor Job? No hay nadie como él sobre la tierra: es un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal”.

9 Pero Ha-Satan le respondió: “¿Es que Job teme a Dios de balde? 10 ¿Acaso tú no has puesto un cerco protector alrededor de él, de su casa y de todo lo que posee? Tú has bendecido la obra de sus manos y su hacienda se ha esparcido por todo el país. 11 Pero extiende tu mano y tócalo en lo que posee: ¡seguro que te maldecirá en la cara!”.

12 El Señor dijo a Ha-Satan: “Está bien. Todo lo que le pertenece está en tu poder, pero no pongas tu mano sobre él”. Y Ha-Satan se alejó de la presencia de Yahvahé.

Job privado de sus bienes y de sus hijos

13 El día en que sus hijos e hijas estaban comiendo y bebiendo en la casa del hermano mayor, 14 llegó un mensajero y dijo a Job: “Los bueyes estaban arando y las asnas pastaban cerca de ellos, 15 cuando de pronto irrumpieron los sabeos y se los llevaron, pasando a los servidores al filo de la espada. Yo solo pude escapar para traerte la noticia”.

16 Todavía estaba hablando, cuando llegó otro y le dijo: “Cayó del cielo fuego de Dios, e hizo arder a las ovejas y a los servidores hasta consumirlos. Yo solo pude escapar para traerte la noticia”.

17 Todavía estaba hablando, cuando llegó otro y le dijo: “Los caldeos, divididos en tres grupos, se lanzaron sobre los camellos y se los llevaron, pasando a los servidores al filo de la espada. Yo solo pude escapar para traerte la noticia”.

18 Todavía estaba hablando, cuando llegó otro y le dijo: “Tus hijos y tus hijas comían y bebían en la casa de su hermano mayor, 19 y de pronto sopló un fuerte viento del lado del desierto, que sacudió los cuatro ángulos de la casa. Esta se desplomó sobre los jóvenes, y ellos murieron. Yo solo pude escapar para traerte la noticia”.

20 Entonces Job se levantó y rasgó su manto; se rapó la cabeza, se postró con el rostro en tierra 21 y exclamó: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí. Yahvahé me lo dio y Yahvahé me lo quitó: ¡bendito sea el nombre de Dios!”.

22 En todo esto, Job no pecó ni dijo nada indigno contra Dios.

Capítulo 2

La culminación de la prueba

1 El día en que los hijos de Dios fueron a presentarse delante de Yahvahé, también fue Ha-Satan en medio de ellos, para presentarse delante de Yahvahé.

2 Yahvahé le preguntó: “¿De dónde vienes?” Ha-Satan respondió a Yahvahé: “De recorrer la tierra y pasearme por ella”.

3 Entonces Yahvahé le dijo: “¿Te has fijado en mi servidor Job? No hay nadie como él sobre la tierra: es un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal. Él todavía se mantiene firme en su integridad, y en vano me has instigado contra él para perderlo”.

4 Ha-Satan respondió Yahvahé: “¡Piel por piel! Un hombre da todo lo que tiene a cambio de su vida. 5 Pero extiende tu mano contra él y tócalo en sus huesos y en su carne: ¡seguro que te maldecirá en la cara!”

6 Yahvahé respondió a Ha-Satan: “Está bien. Ahí lo tienes en tu poder, pero respétale la vida”.

7 Ha-Satan se alejó de la presencia de Yahvahé, e hirió a Job con una úlcera maligna, desde la planta de los pies hasta la cabeza.

8 Job tomó entonces un pedazo de teja para rascarse, y permaneció sentado en medio de la ceniza.

9 Su mujer le dijo: “¿Todavía vas a mantenerte firme en tu integridad? Maldice a Dios y muere de una vez”.

10 Pero él le respondió: “Hablas como una mujer insensata. Si aceptamos de Dios lo bueno, ¿no aceptaremos también lo malo?” En todo esto, Job no pecó con sus labios.

Los amigos de Job

11 Tres amigos de Job se enteraron de todos los males que le habían sobrevenido, y llegaron cada uno de su país. Eran Elifaz de Temán, Bildad de Súaj y Sofar de Naamat, los cuales se pusieron de acuerdo para ir a expresarle sus condolencias y consolarlo.

12 Al divisarlo de lejos, no lo reconocieron. Entonces se pusieron a llorar a gritos, rasgaron sus mantos y arrojaron polvo sobre sus cabezas.

13 Después permanecieron sentados en el suelo junto a él, siete días y siete noches, sin decir una sola palabra, porque veían que su dolor era muy grande.

Capítulo 3

Monólogo inicial: la protesta de Job

1 Después de esto, Job rompió el silencio y maldijo el día de su nacimiento. 2 Tomó la palabra y exclamó: 3 “¡Desaparezca el día en que nací y la noche que dijo: ‘Ha sido engendrado un varón’! 4 ¡Que aquel día se convierta en tinieblas! Que Dios se despreocupe de él desde lo alto y no brille sobre él ni un rayo de luz.

5 Que lo reclamen para sí las tinieblas y las sombras, que un nubarrón se cierna sobre él y lo aterrorice un eclipse de sol. 6 ¡Sí, que una densa oscuridad se apodere de él y no se lo añada a los días del año ni se lo incluya en el cómputo de los meses!

7 ¡Que aquella noche sea estéril y no entre en ella ningún grito de alegría! 8 Que la maldigan los que maldicen los días, los expertos en excitar a Leviatán.

9 Que se oscurezcan las estrellas de su aurora; que espere en vano la luz y no vea los destellos del alba. 10 Porque no me cerró las puertas del seno materno ni ocultó a mis ojos tanta miseria.

11 ¿Por qué no me morí al nacer? ¿Por qué no expiré al salir del vientre materno? 12 ¿Por qué me recibieron dos rodillas y dos pechos me dieron de mamar?

13 Ahora yacería tranquilo, estaría dormido y así descansaría, 14 junto con los reyes y consejeros de la tierra que se hicieron construir mausoleos, 15 o con los príncipes que poseían oro y llenaron de plata sus moradas.

16 O no existiría, como un aborto enterrado, como los niños que nunca vieron la luz.

17 Allí, los malvados dejan de agitarse, allí descansan los que están extenuados.

18 También los prisioneros están en paz, no tienen que oír los gritos del carcelero.

19 Pequeños y grandes son allí una misma cosa, y el esclavo está liberado de su dueño.

20 ¿Para qué dar la luz a un desdichado y la vida a los que están llenos de amargura, 21 a los que ansían en vano la muerte y la buscan más que a un tesoro, 22 a los que se alegrarían de llegar a la tumba y se llenarían de júbilo al encontrar un sepulcro, 23 al hombre que se le cierra el camino y al que Dios cerca por todas partes?

24 Los gemidos se han convertido en mi pan y mis lamentos se derraman como agua. 25 Porque me sucedió lo que más temía y me sobrevino algo terrible.

26 ¡No tengo calma, ni tranquilidad, ni sosiego, sólo una constante agitación!

Capítulo 4

Primer discurso de Elifaz: la felicidad de los justos

1 Entonces Elifaz de Temán tomó la palabra y dijo: 2 ¿Se atrevería alguien a hablarte, estando tú tan deprimido? Pero ¿quién puede contener sus palabras?

3 Tú has aleccionado a mucha gente y has fortalecido las manos debilitadas; 4 tus palabras sostuvieron al que tropezaba y has robustecido las rodillas vacilantes. 5 Pero ahora te llega el turno, y te deprimes, te ha tocado a ti, y estás desconcertado.

6 ¿Acaso tu piedad no te infunde confianza y tu vida íntegra no te da esperanza?

7 Recuerda esto: ¿quién pereció siendo inocente o dónde fueron exterminados los hombres rectos? 8 Por lo que he visto, los que cultivan la maldad y siembran la miseria, cosechan eso mismo: 9 ellos perecen bajo el aliento de Dios, desaparecen al soplo de su ira.

10 Los leones cesan de rugir y bramar y los dientes de sus cachorros son quebrados; 11 el león perece por falta de presa y las crías de la leona se dispersan.

12 Una palabra me llegó furtivamente, su leve susurro cautivó mis oídos.

13 Entre las pesadillas de las visiones nocturnas, cuando un profundo sopor invade a los hombres, 14 me sobrevino un temor, un escalofrío, que estremeció todos mis huesos: 15 una ráfaga de viento pasa sobre mi rostro, eriza los pelos de mi cuerpo; 16 alguien está de pie, pero no reconozco su semblante, es sólo una forma delante de mis ojos; hay un silencio, y luego oigo una voz: 17 ¿Puede un mortal ser justo ante Dios? ¿Es puro un hombre ante Dios?

18 Si él no se fía de sus propios servidores y hasta en sus ángeles encuentra errores, 19 ¡cuánto más en los que habitan en casas de arcilla, y tienen sus cimientos en el polvo! Ellos son aplastados como una polilla, 20 de la noche a la mañana quedan pulverizados: sin que nadie se preocupe, perecen para siempre.

21 ¿No se les arranca la estaca de su carpa, y mueren por falta de sabiduría?

Capítulo 5

1 ¡Clama, a ver si alguien te responde! ¿A cuál de los santos te volverás? 2 Porque la exasperación mata al insensato y la pasión hace morir al necio.

3 Yo he visto al insensato echar raíces, pero al instante maldije su morada. 4 Sus hijos estarán lejos de toda ayuda, aplastados en la Puerta, sin que nadie los libre. 5 Lo que ellos cosechen se lo comerá el hambriento, y el sediento suspirará por sus riquezas.

6 No, el mal no sale del suelo ni la miseria brota de la tierra: 7 es el hombre el que engendra la miseria, como las águilas levantan vuelo hacia lo alto.

8 Yo, por mi parte, buscaría a Dios, a él le expondría mi causa.

9 Él realiza obras grandes e inescrutables, maravillas que no se pueden enumerar.

10 Derrama la lluvia sobre la tierra y hace correr el agua por los campos.

11 Pone a los humildes en las alturas y los afligidos alcanzan la salvación.

12 Hace fracasar los proyectos de los astutos para que no prospere el trabajo de sus manos.

13 Sorprende a los sabios en su propia astucia y el plan de los malvados se deshace rápidamente.

14 En pleno día, chocan contra las tinieblas, y andan a tientas al mediodía, como si fuera de noche.

15 Él salva al huérfano de la espada, y al indigente, de la mano del poderoso.

16 Así, el débil recupera la esperanza y los malvados cierran la boca.

17 ¡Feliz el hombre a quien Dios reprende y que no desdeña la lección del Todopoderoso!

18 Porque él hiere, pero venda la herida; golpea, pero sana con sus manos.

19 Seis veces te librará de la angustia, y la séptima, el mal no te alcanzará.

20 En tiempo de hambre, te librará de la muerte, y en la guerra, del filo de la espada.

21 Estarás protegido contra el azote de las malas lenguas y no temerás cuando llegue la devastación. 22 Te reirás de la devastación y del hambre y no temerás a las fieras de la tierra.

23 Sí, tendrás una alianza con las piedras del campo y las fieras estarán en paz contigo.

24 Sabrás que en tu carpa hay prosperidad, y cuando revises tu morada, nada faltará. 25 Verás que se multiplica tu descendencia y que tus retoños son como la hierba de la tierra.

26 Llegarás a la tumba lleno de vigor como se levanta una parva a su debido tiempo.

27 Esto es lo que hemos comprobado, y es así: escúchalo bien, y saca provecho.

Capítulo 6

Respuesta de Job: la miseria del hombre sobre la tierra

1 Job respondió, diciendo: 2 ¡Ah, si pudiera pesarse mi dolor y se pusiera en la balanza toda mi desgracia! 3 Ahora pesarían más que la arena del mar, ¡por eso digo tantos desatinos!

4 Las flechas del Todopoderoso están clavadas en mí y mi espíritu absorbe su veneno; los terrores de Dios están enfilados contra mí.

5 ¿Rebuzna el asno salvaje sobre la hierba verde o muge el toro junto a su forraje?

6 ¿Se come sin sal un alimento insípido o tiene sabor la clara de huevo?

7 Lo que yo me resistía incluso a tocar es mi alimento en la enfermedad.

8 ¡Si al menos se cumpliera mi pedido y Dios me concediera lo que espero!

9 ¡Si Dios se decidiera a aplastarme, si soltara su mano y me partiera en dos!

10 Entonces tendría de qué consolarme y saltaría de gozo en mi implacable tormento, por no haber renegado de las palabras del Santo.

11 ¿Qué fuerza tengo para poder esperar? ¿Cuál es mi fin para soportar con paciencia?

12 ¿Tengo acaso la resistencia de las piedras o es de bronce mi carne?

13 No, no encuentro ninguna ayuda dentro de mí mismo y se me han agotado los recursos.

14 Bien merece la lealtad de su amigo el hombre deshecho que ha perdido el temor a Dios.

15 Pero mis hermanos me han traicionado como un torrente, como el cauce de los torrentes pasajeros, 16 que corren turbios durante el deshielo, arrastrando la nieve derretida.

17 Al llegar el verano, se evaporan; con el calor, se extinguen en su propio lecho.

18 Las caravanas desvían su trayecto, se internan en el desierto y perecen.

19 Las caravanas de Temán vuelven los ojos hacia ellos, los viajantes de Sabá esperan encontrarlos. 20 Pero se avergüenzan de haber esperado, llegan hasta allí, y quedan defraudados.

21 Así son ahora ustedes para mí: ven algo horrible, y se llenan de espanto.

22 Yo nunca les dije: “Denme algo, regálenme una parte de sus bienes; 23 líbrenme del poder del enemigo, rescátenme de las manos de los violentos”.

24 Instrúyanme, y yo me callaré; háganme entender dónde está mi error.

25 ¿Acaso son hirientes las palabras rectas? Pero ¿qué se arregla con los reproches de ustedes?

26 ¿O pretenden arreglarlo todo con reproches, mientras echan al viento las palabras de un desesperado?

27 ¡Ustedes echarían suertes sobre un huérfano y traficarían con su propio amigo!

28 ¡Decídanse de una vez, vuélvanse hacia mí! ¿Acaso les voy a mentir en la cara?

29 Vuelvan, les ruego, y que no haya falsedad; vuelvan, está en juego mi justicia.

30 ¿Acaso hay falsedad en mi lengua o mi paladar no sabe discernir la desgracia?

Capítulo 7

1 ¿No es una servidumbre la vida del hombre sobre la tierra? ¿No son sus jornadas las de un asalariado?

2 Como un esclavo que suspira por la sombra, como un asalariado que espera su jornal, 3 así me han tocado en herencia meses vacíos, me han sido asignadas noches de dolor.

4 Al acostarme, pienso: “¿Cuándo me levantaré?” Pero la noche se hace muy larga y soy presa de la inquietud hasta la aurora.

5 Gusanos y costras polvorientas cubren mi carne, mi piel se agrieta y supura.

6 Mis días corrieron más veloces que una lanzadera: al terminarse el hilo, llegaron a su fin.

7 Recuerda que mi vida es un soplo y que mis ojos no verán más la felicidad.

8 El ojo que ahora me mira, ya no me verá; me buscará tu mirada, pero ya no existiré.

9 Una nube se disipa y desaparece: así el que baja al Abismo no sube más. 10 No regresa otra vez a su casa ni el lugar donde estaba lo vuelve a ver.

11 Por eso, no voy a refrenar mi lengua: hablaré con toda la angustia de mi espíritu, me quejaré con amargura en el alma.

12 ¿Acaso yo soy el Mar o el Dragón marino para que dispongas una guardia contra mí?

13 Cuando pienso: “Mi lecho me consolará, mi cama compartirá mis quejidos”, 14 entonces tú me horrorizas con sueños y me sobresaltas con visiones.

15 ¡Más me valdría ser estrangulado, prefiero la muerte a estos huesos despreciables!

16 Yo no viviré eternamente: déjame solo, porque mis días son un soplo.

17 ¿Qué es el hombre para que lo tengas tan en cuenta y fijes en él tu atención, 18 visitándolo cada mañana y examinándolo a cada instante?

19 ¿Cuándo dejarás de mirarme? ¿No me darás tregua ni para tragar saliva?

20 Si pequé, ¿qué daño te hice, a ti, guardián de los hombres? ¿Por qué me has tomado como blanco y me he convertido en una carga para ti?

21 ¿Por qué no perdonas mis ofensas y pasas por alto mis culpas? ¡Mira que muy pronto me acostaré en el polvo, me buscarás, y ya no existiré!

Capítulo 8

Primer discurso de Bildad: la triste suerte de los impíos

1 Bildad de Súaj replicó, diciendo: 2 ¿Hasta cuándo hablarás de esta manera y tus palabras serán un viento impetuoso? 3 ¿Acaso Dios distorsiona el derecho y el Todopoderoso tergiversa la justicia?

4 Si tus hijos pecaron contra él, él los dejó librados a sus propios delitos.

5 En cambio, si tú recurres a Dios e imploras al Todopoderoso, 6 si te mantienes puro y recto, seguramente, él pronto velará por ti y restablecerá tu morada de hombre justo.

7 Tus comienzos habrán sido poca cosa, frente a la grandeza de tu porvenir.

8 Interroga, si no, a las generaciones pasadas, considera lo que experimentaron sus padres.

9 Nosotros somos de ayer y no sabemos nada, nuestros días sobre la tierra son una sombra.10 Ellos te instruirán y te hablarán, sacarán de su corazón estas palabras: 11 ¿Brota el papiro fuera de los pantanos? ¿Crece el junco donde no hay agua?

12 Tierno aún, y sin que nadie lo corte, se seca más pronto que cualquier otra hierba.

13 Tal es la suerte de los que olvidan a Dios, así perece la esperanza del impío.

14 Su confianza es apenas un hilo, su seguridad, una tela de araña.

15 Se apoya sobre su casa, y ella no resiste, se aferra a ella, y no queda en pie.

16 Ahí está lleno de savia ante los rayos del sol, sus retoños se extienden sobre su jardín; 17 sus raíces se entrelazan en el pedregal, se prenden al terreno rocoso.

18 Pero apenas lo arrancan de su sitio, este reniega de él, diciendo: “Nunca te vi”.

19 ¡Esa es la buena suerte que le toca, mientras otro brota del polvo!

20 No, Dios no desdeña al hombre íntegro, ni toma de la mano a los malvados.

21 Él llenará otra vez tu boca de risas y tus labios de aclamaciones jubilosas.

22 Los que te odian se cubrirán de vergüenza, y la carpa de los malvados no existirá más.

Capítulo 9

Respuesta de Job al discurso de Bildad: la fuerza irresistible de Dios

1 Job respondió, diciendo: 2 Sí, yo sé muy bien que es así: ¿cómo un mortal podría tener razón contra Dios?

3 Si alguien quisiera disputar con él, no podría responderle ni una vez entre mil.

4 Su corazón es sabio, su fuerza invencible: ¿quién le hizo frente y se puso a salvo?

5 Él arranca las montañas sin que ellas lo sepan y las da vuelta con su furor.

6 Él remueve la tierra de su sitio y se estremecen sus columnas.

7 Él manda al sol que deje de brillar y pone un sello sobre las estrellas.

8 Él solo extiende los cielos y camina sobre las crestas del mar.

9 Él crea la Osa Mayor y el Orión, las Pléyades y las Constelaciones del sur.

10 Él hace cosas grandes e inescrutables, maravillas que no se pueden enumerar.

11 Él pasa junto a mí, y yo no lo veo; sigue de largo, y no lo percibo.

12 Si arrebata una presa, ¿quién se lo impedirá o quién le preguntará qué es lo que hace?

13 Dios no reprime su furor: los secuaces de Rahab yacen postrados a sus pies.

14 ¡Cuánto menos podría replicarle yo y aducir mis argumentos frente a él!

15 Aun teniendo razón, no podría responder y debería implorar al que me acusa.

16 Aunque lo llamara y él me respondiera, no creo que llegue a escucharme.

17 Él me aplasta por una insignificancia y multiplica mis heridas sin razón.

18 No me da tregua ni para tomar aliento, sino que me sacia de amarguras.

19 Si es cuestión de fuerza, él es el más fuerte; si de justicia, ¿quién podría emplazarlo?

20 Si tengo razón, por mi propia boca me condena; si soy íntegro, me declara perverso.

21 ¡Yo soy un hombre íntegro: nada me importa de mí mismo, y siento desprecio por mi vida!

22 ¡Todo es igual! Por eso digo: "Él extermina al íntegro y al malvado".

23 Si un azote siembra la muerte de improviso, se ríe de la desesperación de los inocentes.

24 Si un país cae en manos de un malvado, pone un velo sobre el rostro de los jueces: si no es él, ¿quién otro puede ser?

25 Mis días pasan más rápido que un corredor, huyen sin ver la felicidad. 26 Se deslizan como barcas de junco, como un águila que se lanza sobre su presa.

27 Si pienso: "Voy a olvidarme de mis quejas, voy a poner buena cara y sonreír", 28 me asalta el terror por todos mis pesares, sabiendo que tú no me absuelves.

29 Seré juzgado culpable, ¿para qué entonces fatigarme en vano?

30 Aunque me lavara con nieve y purificara mis manos con potasa, 31 tú me hundirías en el fango y hasta mi ropa sentiría abominación por mí.

32 ¡No, él no es un hombre como yo, para responderle y comparecer juntos en un juicio!

33 ¡Si hubiera al menos un árbitro entre nosotros, que pusiera su mano sobre los dos, 34 para que Dios aparte su vara de mí y no me atemorice su terror!

35 Entonces le hablaría sin temor, porque estoy convencido de que no soy así.

Capítulo 10

1 Mi alma está asqueada de la vida, quiero dar libre curso a mi queja, expresaré toda mi amargura. 2 Diré a Dios: “No me condenes, dame a conocer por qué me recriminas”.

3 ¿Es un placer para ti oprimir, despreciar la obra de tus manos y favorecer el designio de los malvados?

4 ¿Acaso tienes ojos de carne? ¿Ves tú las cosas como las ven los hombres?

5 ¿Son tus días como los de un mortal y tus años como los días de un hombre, 6 para que estés al acecho de mi culpa y vayas en busca de mi pecado, 7 aun sabiendo que no soy culpable y que nadie puede librar de tu mano?

8 Tus manos me modelaron y me hicieron, y luego, cambiando de parecer, me destruyes.

9 Acuérdate que me hiciste de la arcilla y que me harás retornar al polvo.

10 ¿Acaso no me derramaste como leche y me cuajaste como el queso?

11 Me revestiste de piel y de carne y me tejiste con huesos y tendones.

12 Me diste la vida y me trataste con amor, y tu solicitud preservó mi aliento.

13 ¡Pero tú ocultabas algo en tu corazón, ahora comprendo lo que tenías pensado!

14 Si yo peco, tú me vigilas y no me absuelves de mi culpa.

15 Si soy culpable, ¡ay de mí! Si soy inocente, tampoco puedo alzar cabeza, saturado de ignominia, embriagado de aflicción.

16 Si me levanto, tú me cazas como un león y redoblas contra mí tu asombroso poder.

17 Suscitas contra mí nuevos testigos, acrecientas tu furor contra mí y me atacas con tropas de relevo.

18 ¿Por qué me sacaste del seno materno? Yo habría expirado sin que nadie me viera, 19 sería como si nunca hubiera existido, me habrían llevado del vientre a la tumba.


20 ¡Duran tan poco los días de mi vida! ¡Apártate de mí! Así podré sonreír un poco, 21 antes que me vaya, para no volver, a la región de las tinieblas y las sombras, 22 a la tierra de la oscuridad y el desorden, donde la misma claridad es tiniebla.

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