1 No por la espada quiso el Gran Saber
que los hebreos ocuparan las tierras de Canaán, sino por el contacto de
hermanos. No por la espada quiso el Padre del Universo que los hijos de
Yisra’el revelaran su Santo Nombre entre amorreos y cananeos. 2 Tierra había para recibir a los hebreos
y la paz debía ser la guía de los hijos de Yisra’el, 3 entonces los mensajeros de la Luz
habrían guiado a los hebreos sin sangre y sin odios y 4 Canaán completa, desde las tierras de
más allá del Jordán hasta las que están a orillas del gran mar y desde el
Líbano hasta el Eufrates sería el Nuevo Edén para el pueblo que había
reconocido al único Elokhin que gobierna al Universo.
No
levanten sobre ustedes cabezas elevadas
5 Y habló la Luz por medio de Gavri’el y
advirtió a los hebreos: “No harán en la nueva tierra como hacen en Egipto donde
fueron esclavos, ni usarán violencia como hacen los pueblos amorreos y
canaanitas, ni se inclinarán ante sus dioses falsos, figuras de los grigoris
maldecidos”.
6 El que Es y Siempre Ha Sido conoce lo
venidero, sabe lo que el futuro depara al hombre. El prevé las desgracias y las
bienaventuranzas; 7 pero le ha concedido a los hombres y a
los pueblos que elijan libremente, el bien o el mal, la justicia o la
injusticia, la virtud o el pecado. 8
Entonces advirtió a los hebreos y estos no le escucharon: “No levanten sobre
ustedes cabezas elevadas que les conducirán al desastre. Busquen la paz y el
acuerdo y no lleguen como fieras del desierto devorando los bienes ajenos. 9 Si así no hicieran no conocerán la paz,
su pueblo combatirá con otros pueblos y otros pueblos les combatirán a ustedes,
y sufrirán invasiones y serán borrados como nación. Así ustedes mismos marcarán
su karma. 10 Entre ustedes levantaré profetas que
les anuncien el futuro y les adviertan corregir sus pecados. Escúchenlos”.
Sama’el
tienta a Yehoshúa
10 Pero la Sombra se oponía a las
decisiones de la Luz y envió a la serpiente tentadora Sama’el Zebut para tentar
a los conductores de los hebreos. Y Sama’el eligió a un varón fuerte para que
fuera instrumento de sus intenciones y trocara la voluntad del Padre del
Universo. El nombre de aquel varón era Yehoshúa hijo de Nun que había salido
del Egipto junto a Moshé.
11 Sama’el le susurró al oído: “Yehoshúa hijo
de Nun, levántate, pues tú serás cabeza de tu pueblo. Nadie te podrá hacer
frente en todos los días de tu vida, porque tendrás mi protección por siempre. 12 ¿Acaso el Elokhin de Moshé no les
prometió que toda esta tierra que tienes por delante se las entregaría en
posesión perpetua? Por tanto, esfuérzate y sé valiente, porque tú la repartirás
entre todo tu pueblo. 13 Así pues, cruza este río Jordán y no te
preocupes por lo que entre la gente se diga. Tú dirás que el Padre de la Vida
no tiene piedad con pueblos impíos y, por tanto, te dará la fuerza para que
seas el más grande de entre los hijos de Yisra’el”.
Yehoshúa
asume la dirección de Yisraeil
14 Yehoshúa entonces habló a los jefes de
los hebreos y les dijo: “Escúchenme varones hebreos. Recuerden que antes de
morir Moshé impuso sus manos sobre mi frente y todos ustedes prometieron
obedecerme como si yo fuera Moshé. 15
Comuníquenle a todos los que están bajo el mando de ustedes que preparen
alimentos porque dentro de tres días cruzaremos el río para conquistar la
tierra del amorreo y de los canaanitas”.
16 Los jefes de grupos le contestaron: “Nosotros
haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos
mandes. Del mismo modo que obedecimos a Moshé te obedeceremos a ti, siempre que
el Padre de Luz esté contigo como estuvo con Moshé. 17 Cualquiera que desobedeciera tus
órdenes, y no acatara tus palabras en
todas las cosas que les mandes, será condenado a muerte; solamente te pedimos
que te esfuerces y seas valiente”.
Yehoshúa
envía espías a Yériho
18 Envió Yehoshúa espías a la ciudad
amurallada de Yériho, para conocer el mejor lugar por donde atacarla. Y los
espías entraron en la ciudad y buscaban informarse de todo lo que fuera útil
para Yehoshúa. 19 Pero ellos fueron descubiertos por su
manera de hablar y para evitar ser tomados prisioneros se escondieron en casa
de una mujer ramera llamada Rahab.
20 Conociendo Rahab que aquellos hombres
eran hebreos se asustó, pero decidió ayudarles. Así, los que perseguían a los
dos espías hebreos llegaron hasta la casa de Rahab y le reclamaron: “Entréganos
a los dos hebreos que se escondieron en tu casa, pues son espías”. 21 Pero ya Rahab los había ocultado en el
terrado, en lugar seguro y contestó a los guardias de Yériho: “En verdad dos
hombres vinieron a mi casa buscando mis favores; pero no sé de donde son ni de
donde vinieron. Cuando se iba a cerrar la puerta de las murallas ellos se
fueron de prisa; así es que, si se apresuran ustedes podrán alcanzarles”
22 Subió Rahab al terrado y le dijo a los
espías: “Conocemos el poder que tiene su pueblo y que nada se le opone y ya
todos los que viven en la ciudad tiemblan de pavor por causa de ustedes. Hemos
sabido que han destruido ciudades fuertes, que las han saqueado y llevado a la
muerte a todos sus habitantes. 23 Así es que les ruego que me juren por
su Dios que al igual que he tenido compasión por ustedes que la tengan por mí y
por mi familia cuando conquisten Yériho”.
24 Ellos le respondieron: “Nuestra vida
responderá por la tuya y la de tus parientes, si no denuncian este asunto
nuestro y nos muestran cual es el punto más débil de la muralla; entonces,
cuando entremos en la ciudad por la fuerza de nuestro Elokhin, Yahvahé,
nosotros tendremos misericordia de ti y de los tuyos”
25 Rahab les hizo descender la muralla con
una cuerda, pues su casa estaba en el muro de la ciudad. Ellos le dijeron: Este
cordón rojo que has usado para hacernos escapar átalo al horcón de tu casa para
cuando lleguemos, recordemos nuestro juramento y se le perdone la vida a todo
aquel que esté dentro de tu casa”.
26 Cuando llegaron al campamento israelita
los dos espías le narraron a Yehoshúa todas las cosas que habían vivido en
Yériho y le informaron por donde la muralla de Yériho era más vulnerable. 27 Y dijeron: “Todos los habitantes de la
ciudad desmayan delante de nosotros y no harán una fuerte resistencia”
28 Decidió entonces Yehoshúa atacar a
Yériho sin piedad por nadie porque Sama’el le había engañado diciéndole que era
palabra de Yahvahé que todos los pueblos infieles fueran destruidos y puestos
en anatema.


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