miércoles, 6 de agosto de 2014

ENCUENTRO VI


1 No por la espada quiso el Gran Saber que los hebreos ocuparan las tierras de Canaán, sino por el contacto de hermanos. No por la espada quiso el Padre del Universo que los hijos de Yisra’el revelaran su Santo Nombre entre amorreos y cananeos. 2 Tierra había para recibir a los hebreos y la paz debía ser la guía de los hijos de Yisra’el, 3 entonces los mensajeros de la Luz habrían guiado a los hebreos sin sangre y sin odios y 4 Canaán completa, desde las tierras de más allá del Jordán hasta las que están a orillas del gran mar y desde el Líbano hasta el Eufrates sería el Nuevo Edén para el pueblo que había reconocido al único Elokhin que gobierna al Universo.

No levanten sobre ustedes cabezas elevadas

5 Y habló la Luz por medio de Gavri’el y advirtió a los hebreos: “No harán en la nueva tierra como hacen en Egipto donde fueron esclavos, ni usarán violencia como hacen los pueblos amorreos y canaanitas, ni se inclinarán ante sus dioses falsos, figuras de los grigoris maldecidos”.
6 El que Es y Siempre Ha Sido conoce lo venidero, sabe lo que el futuro depara al hombre. El prevé las desgracias y las bienaventuranzas; 7 pero le ha concedido a los hombres y a los pueblos que elijan libremente, el bien o el mal, la justicia o la injusticia, la virtud o el pecado. 8 Entonces advirtió a los hebreos y estos no le escucharon: “No levanten sobre ustedes cabezas elevadas que les conducirán al desastre. Busquen la paz y el acuerdo y no lleguen como fieras del desierto devorando los bienes ajenos. 9 Si así no hicieran no conocerán la paz, su pueblo combatirá con otros pueblos y otros pueblos les combatirán a ustedes, y sufrirán invasiones y serán borrados como nación. Así ustedes mismos marcarán su karma. 10 Entre ustedes levantaré profetas que les anuncien el futuro y les adviertan corregir sus pecados. Escúchenlos”.

Sama’el tienta a Yehoshúa

10 Pero la Sombra se oponía a las decisiones de la Luz y envió a la serpiente tentadora Sama’el Zebut para tentar a los conductores de los hebreos. Y Sama’el eligió a un varón fuerte para que fuera instrumento de sus intenciones y trocara la voluntad del Padre del Universo. El nombre de aquel varón era Yehoshúa hijo de Nun que había salido del Egipto junto a Moshé.
11 Sama’el le susurró al oído: “Yehoshúa hijo de Nun, levántate, pues tú serás cabeza de tu pueblo. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida, porque tendrás mi protección por siempre. 12 ¿Acaso el Elokhin de Moshé no les prometió que toda esta tierra que tienes por delante se las entregaría en posesión perpetua? Por tanto, esfuérzate y sé valiente, porque tú la repartirás entre todo tu pueblo. 13 Así pues, cruza este río Jordán y no te preocupes por lo que entre la gente se diga. Tú dirás que el Padre de la Vida no tiene piedad con pueblos impíos y, por tanto, te dará la fuerza para que seas el más grande de entre los hijos de Yisra’el”.

Yehoshúa asume la dirección de Yisraeil

14 Yehoshúa entonces habló a los jefes de los hebreos y les dijo: “Escúchenme varones hebreos. Recuerden que antes de morir Moshé impuso sus manos sobre mi frente y todos ustedes prometieron obedecerme como si yo fuera Moshé. 15 Comuníquenle a todos los que están bajo el mando de ustedes que preparen alimentos porque dentro de tres días cruzaremos el río para conquistar la tierra del amorreo y de los canaanitas”.
16 Los jefes de grupos le contestaron: “Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. Del mismo modo que obedecimos a Moshé te obedeceremos a ti, siempre que el Padre de Luz esté contigo como estuvo con Moshé. 17 Cualquiera que desobedeciera tus órdenes, y no acatara  tus palabras en todas las cosas que les mandes, será condenado a muerte; solamente te pedimos que te esfuerces y seas valiente”.

Yehoshúa envía espías a Yériho

 18 Envió Yehoshúa espías a la ciudad amurallada de Yériho, para conocer el mejor lugar por donde atacarla. Y los espías entraron en la ciudad y buscaban informarse de todo lo que fuera útil para Yehoshúa. 19 Pero ellos fueron descubiertos por su manera de hablar y para evitar ser tomados prisioneros se escondieron en casa de una mujer ramera llamada Rahab.
20 Conociendo Rahab que aquellos hombres eran hebreos se asustó, pero decidió ayudarles. Así, los que perseguían a los dos espías hebreos llegaron hasta la casa de Rahab y le reclamaron: “Entréganos a los dos hebreos que se escondieron en tu casa, pues son espías”. 21 Pero ya Rahab los había ocultado en el terrado, en lugar seguro y contestó a los guardias de Yériho: “En verdad dos hombres vinieron a mi casa buscando mis favores; pero no sé de donde son ni de donde vinieron. Cuando se iba a cerrar la puerta de las murallas ellos se fueron de prisa; así es que, si se apresuran ustedes podrán alcanzarles”
22 Subió Rahab al terrado y le dijo a los espías: “Conocemos el poder que tiene su pueblo y que nada se le opone y ya todos los que viven en la ciudad tiemblan de pavor por causa de ustedes. Hemos sabido que han destruido ciudades fuertes, que las han saqueado y llevado a la muerte a todos sus habitantes. 23 Así es que les ruego que me juren por su Dios que al igual que he tenido compasión por ustedes que la tengan por mí y por mi familia cuando conquisten Yériho”.
24 Ellos le respondieron: “Nuestra vida responderá por la tuya y la de tus parientes, si no denuncian este asunto nuestro y nos muestran cual es el punto más débil de la muralla; entonces, cuando entremos en la ciudad por la fuerza de nuestro Elokhin, Yahvahé, nosotros tendremos misericordia de ti y de los tuyos”
25 Rahab les hizo descender la muralla con una cuerda, pues su casa estaba en el muro de la ciudad. Ellos le dijeron: Este cordón rojo que has usado para hacernos escapar átalo al horcón de tu casa para cuando lleguemos, recordemos nuestro juramento y se le perdone la vida a todo aquel que esté dentro de tu casa”.
26 Cuando llegaron al campamento israelita los dos espías le narraron a Yehoshúa todas las cosas que habían vivido en Yériho y le informaron por donde la muralla de Yériho era más vulnerable. 27 Y dijeron: “Todos los habitantes de la ciudad desmayan delante de nosotros y no harán una fuerte resistencia”

28 Decidió entonces Yehoshúa atacar a Yériho sin piedad por nadie porque Sama’el le había engañado diciéndole que era palabra de Yahvahé que todos los pueblos infieles fueran destruidos y puestos en anatema.

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