1 Al cuarto día de los Tabernáculos,
Yehshua entró a escondidas en Jerusalén, y en el patio del Templo comenzó a
predicar con tanta sabiduría que los fariseos que le escuchaban decían
sorprendidos, porque le tenían por hombre de pocas letras: “¿Cómo puede este
hombre mostrar tanta sabiduría si nunca ha estudiado?”
Yehshua
da la vista a un ciego en el Templo
2 Había allí un hombre ciego que a las
puertas del templo pedía limosnas y le dijeron a los discípulos que era ciego
de nacimiento; 3
entonces ellos le preguntaron a Yehshua: “Dinos Rabbi, si desde
nacimiento este hombre ha sido ciego ¿es porque paga la culpa por los pecados
de sus padres o de sus abuelos?”
4 Yehshua les contestó: “¡Hasta cuando
han de vivir en la ignorancia! Para el Padre solo es responsable de sus culpas
el que ha pecado y no castiga en los hijos la culpa de los padres, 5 mas los padres pueden ellos transmitir
a sus herederos la culpa de sus desenfrenos, no el Padre que absuelve a los
inocentes”. 6 Y más les dijo: “Sepan que mientras yo
esté en este mundo, yo soy la Luz del mundo; ¿olvidaron que le di luz a los
ojos del ciego de Betseda?”
7 Llamó al hombre y cuando lo tuvo a su
lado escupió en el suelo, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del
ciego. 8 Luego le dijo: “Ve a lavarte al estante
de Siloé de donde extraen agua los sacerdotes para bendecir las ofrendas”. Fue
el ciego e hizo como le había dicho Yehshua y regresó, pero ahora podía ver. 8 Los que le conocían de siempre estaban
maravillados y hasta pensaron que se trataba de otro pues él podía ver; pero él
les decía: “Sí, soy yo mismo”
4 Entonces los que le veían le
preguntaron: “Si eres tú, ¿cómo es que ahora puedes ver?” El que había estado
ciego respondió: “No sé cómo puedo ver, pero un hombre, al que llaman Yehshua, frotó
mis ojos y me dijo que fuera a Siloé y me lavara y cuando lo hice. Abrí los ojos
y pude ver”.
5 Ellos le preguntaron por Yehshua pero
él no lo sabía. Llevaron entonces al que había sido ciego ante los fariseos y
les dijeron que el llamado Yehshua había hecho una curación con barro en sabbath.
6 Después de interrogar al hombre algunos
de los fariseos dijeron: “Ese Yehshua no es hombre de Dios porque no respeta el
día de descanso”. Otros decían: “¿Pero cómo es que un hombre pecador puede
hacer estas señales milagrosas?” Entonces hubo una discusión entre ellos. 7 Luego le preguntaron al ciego: “¿Tú qué
dices sobre él ahora que te dio la vista?” El hombre dijo: “Es un profeta”.
8 Salieron los fariseos y encontraron a
Yehshua enseñando en el patio del templo. 9 Al
verles Yehshua dijo: “Al mundo he venido para que se haga justicia, para que
los ciegos vean y para que los que ven, se queden ciegos; porque hay quienes creen
ver y, sin embargo son ciegos”. Los fariseos entonces le dijeron: “¿Qué estás
diciendo? ¿Que nosotros también somos ciegos?”
9 Yehshua les dijo: “Si ustedes realmente
fueran ciegos, no serían culpables de su pecado. Pero como dicen que pueden
ver, entonces sus culpas seguirán con ustedes”.
¿De
dónde vienen las enseñanzas de Yehshua?
10 Le preguntaron los fariseos: “¿De dónde
extraes tus enseñanzas si eres hombre sin estudios, porque no te conocemos maestro
alguno?”
11 Yehshua les respondió: “Lo que yo enseño
no es mi propia enseñanza, ni la enseñanza de los maestros de ustedes, sino la
del Padre del Universo que me envió. Si alguien quiere hacer lo que el Padre
quiere, sabrá que mi enseñanza es inspirada por Él. Sabrá que esa enseñanza no
es doctrina nacida de mí. 12 El
que enseña sus propias ideas solo busca honor para sí mismo. En cambio, el que
busca honrar al que lo envió, predicando sus enseñanzas, es honesto. No hay
nada deshonesto en él. 13 Moshé les dio la ley, ¿no es cierto?
Pero ninguno de ustedes la obedece. Si
así fuera, ¿por qué están tratando de matarme?”
14 Los fariseos le respondieron diciendo:
“Un espíritu diabólico te trastorna, ¿Quién trata de matarte?”
15 Yehshua contestó: “Hice una buena obra
y todos ustedes se escandalizaron; ¿acaso por la Ley que ustedes siguen a veces
no tienen que circuncidar a un niño en sabbath? Y si esto es así por qué se
enojan conmigo por haber sanado a un hombre nacido ciego. 16 No juzguen por apariencias, sino
juzguen de un modo correcto, según lo justo”.
Yehshua
y la adúltera
17 Al siguiente día Yehshua volvió al
templo y muchos venían a escucharle, y sentado les instruía. 18 Vino entonces
un grupo de sadoqueos, llamados también saduceos, que a sí mismos se llamaban
los rectos y justicieros, y con ellos también algunos fariseos, y pusieron
delante de Yehshua a una mujer.
19 Le dicen entonces a Yehshua: “Rabbi,
esta mujer ha sido sorprendida en el mismo acto del adulterio. Y Moshé nos
ordenó en la Ley que las tales sean apedreadas hasta la muerte. ¿Qué opinas tú
que se deba hacer?” 20 Pero Yehshua podía leer en sus mentes y conoció que las
intenciones de aquellos era poder tener un argumento conque acusarle, pues los
romanos habían prohibido que los judíos aplicaran la pena de muerte.
21 Entonces Yehshua permaneció en silencio
mientras escribía en el suelo con el dedo. Como insistieron en preguntarle, se
enderezó y les dijo: “¿Por qué pretenden tentarme? Aquel de ustedes que no haya
cometido el mismo pecado de esta mujer, ni cargue con culpas en su alma, sea el
que arroje la primera piedra”. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió
escribiendo en tierra.
22 Pero ellos, al oír esto, acusados por
su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los
postreros; y quedó solo Yehshua, y la mujer que estaba en medio. 23 Poniéndose de pie Yehshua, y no viendo
a nadie salvo a la mujer, le dijo: “Mujer, ¿dónde están los que te acusaban?
¿Ninguno te condenó?” Ella le contestó sollozando: “Ninguno, Señor”.
24 Fue Yehshua hasta ella y tomando de la
mano a la mujer le dijo: “Tampoco yo te condeno, regresa a tu casa, pero no
vuelvas a caer en el pecado”.


No hay comentarios:
Publicar un comentario