martes, 12 de agosto de 2014

ENCUENTRO VII


1 Yehoshúa con toda la multitud se dirigió hasta el Jordán. Acamparon allí por tres días; entonces los jefes de grupos le comunicaron al pueblo que cuando vieran el Arca de la Alianza llevada por los sacerdotes levitas sería la señal para emprender la marcha tras ella. 2 Y Yehoshúa dijo al pueblo: “Lávense y purifíquense, porque Yahvahé hará mañana maravillas entre ustedes”.

Los israelitas rodean a Yériho

3 Yériho estaba herméticamente cerrada por temor a los israelitas: nadie salía ni entraba. 4 Al amanecer Yehoshúa ordenó a los sacerdotes que tomaran el arca y junto con los guerreros, armados con todas sus armas, rodearan toda la ciudad; y dijo: “Cuando hayan completado siete vueltas alrededor de Yériho harán sonar con fuerza las trompetas que les he ordenado deben llevar”.
5 Dirigiéndose a su ejército dijo: “Cuando oigan sonar los cuernos, todo el pueblo prorrumpirá en fuertes gritos de guerra. Entonces los muros de la ciudad caerán sobre sí mismos, y los guerreros se lanzarán al asalto, cada uno hacia lo que tenga adelante”. 6 Esto dijo Yehoshúa para que el pueblo creyera que Yahvahé miraba con agrado su jefatura. El conocía donde la muralla era más débil y el modo de hacer que el muro, que era de ladrillos de adobe, se desplomara y ya había enviado hombres a desgastar aquella parte.
7 Yehoshúa había instruido a sus guerreros diciendo: “Ustedes consagrarán a Adonai la ciudad con todo lo que hay en ella, exterminándola por completo. Quedarán con vida solamente Rahab, la prostituta, y todos los que estén con ella en su casa, porque ella ocultó a los espías que nosotros habíamos enviado. 8 No se queden para ustedes el oro, la plata y los objetos de bronce y de hierro porque estos serán consagrados a Yahvahé y pasarán a formar parte de su tesoro”.
9 Cuando se completó la séptima vuelta, y luego de ver cómo se desplomaba el sector más débil de la muralla, ordenó que sonaran los cuernos y gritó: “Lancen el grito de guerra, porque Adonai les entrega la ciudad.  

Ataque y destrucción de Yériho

10 En seguida el ejército acometió contra la ciudad, cada uno contra lo que tenía adelante, y la tomaron. 11 Luego condenaron al exterminio todo lo que había en ella, pasando al filo de la espada a hombres y mujeres, niños y ancianos, vacas, ovejas y asnos.
12 Los espías que antes habían entrado en Yériho, corrieron donde se ocultaba Rahab y la hicieron salir junto a su padre, a su madre, a sus hermanos y le permitieron que tomara todo lo que le pertenecía. También hicieron salir a sus otros parientes, y los instalaron fuera del campamento de Yisraeil.
13 Después incendiaron la ciudad y todo lo que había en ella, salvando únicamente la plata, el oro y los objetos de bronce y de hierro, que fueron depositados como tesoro de Yahvahé bajo el cuidado de Yehoshúa quien desde ese momento sería su depositario.
14 Yehoshúa dejó con vida a Rahab, la prostituta, a su familia y a todo lo que le pertenecía, y ella habitó en medio de Yisraeil por haber ocultado a los emisarios que Yehoshúa había enviado para explorar Yériho.

Acán viola el anatema

15 Sin embargo Acán, hijo de Carmí, de la tribu de Judá, se había apoderado en secreto de algunos de los objetos valiosos de Yériho.
16 Ambicionando conquistas por medio de la espada y la lanza, Yehoshúa dirigió su mirada hacia la ciudad de Ai al Este de Bethel. 17 Entonces envió hombres para que sigilosamente exploraran la región y entraron en Ai, para estudiar sus defensas.
18 Cuando estuvieron de regreso fueron a comunicarle a Yehoshúa lo que habían comprobado en Ai, y le dijeron: “Escucha, conductor de Yisraeil: No es necesario que se movilice toda la fuerza de tu ejército. Dos o tres mil hombres bastan para derrotar a Ai. No fatigues a todos haciéndolos ir hasta allá, porque ellos son muy pocos y no cuentan con poder suficiente para enfrentar a dos mil de los nuestros”.

La ciudad de Ai rechaza el ataque israelita

19 Eligió Yehoshúa a tres mil guerreros que fueron contra Ai, confiados en su poder y en la creencia de que Yahvahé les entregaría cualquier enemigo que enfrentaran. 20 Sin embargo la ciudad de Ai se defendió fieramente y detuvo el ataque de los hebreos, quienes sorprendidos huyeron hasta Sabarim, donde finalmente fueron derrotados. 21 Todos los de Yisraeil se sintieron decepcionados y angustiados.
22 Yehoshúa desgarró sus vestiduras y se postró hasta la tarde delante del Arca sagrada, con el rostro en tierra. Los ancianos de Yisraeil hicieron lo mismo, y todos esparcieron polvo sobre sus cabezas.
23 Mientras tanto, Yehoshúa clamaba: “Eli-Yah, ¿por qué permitiste que pueblo tan débil pudiera derrotarnos? ¿Acaso hemos pecado contra ti que nos condenas a la humillación?”

Un sacerdote delata a Acán

24 Uno de los sacerdotes se puso delante de Yehoshúa y le dijo: “¡Levántate! ¿Por qué estás ahí postrado sobre tu rostro? 25 Alguno de tus guerreros debe haber desobedecido la orden de no tomar para sí el oro, la plata y los objetos de bronce y de hierro. Yo vi a Acán de la tribu de Judá escondiendo en su tienda algunos objetos de oro… 26 Quizá sean tomados de Yériho y, si esto es así, habremos provocado la ira de Yahvahé”.
27 Levantándose dijo Yehoshúa: “El que sea sorprendido en posesión de los objetos condenados al exterminio, será quemado con todos sus bienes porque ha desobedecido la orden que di y ha cometido una infamia en Yisraeil. 28 Convoquemos al pueblo y cuando estén todos reunidos, tú lanzarás suertes de modo que caiga sobre la tribu de Judá”.

Yehoshúa asesina al jefe de los exploradores a Ai

29 Después de esto Yehoshúa mandó a que le llevaran hasta su carpa al hombre que estuvo al mando del grupo de exploradores enviados a Ai y le había dado un informe equivocado sobre las defensas de aquella ciudad. 30 Cuando le tuvo delante, Yehoshúa le dijo: “Faltaste en lo que se te encomendó en Ai. Descuidaste la exploración y luego viniste a asegurarme que los de Ai eran pocos y sin fuerzas. ¿Por qué lo hiciste?”
31 El hombre echándose ante los pies de Yehoshúa le imploró: “Reconozco mi error, he cometido grave falta, porque fui descuidado y desde lejos observé las murallas de Ai y pequé de descuido… 32 Pero escúchame, ¿acaso Yahvahé no está de nuestra parte y no hay enemigo que pueda derrotarnos?”
33 Lleno de ira contestó Yehoshúa: “¡Necio! ¿No sabes que la ayuda de Yahvahé está en hacer bien los cálculos y en aprovechar las debilidades de nuestros enemigos? 34 Puesto que confiaste en que Yahvahé y no nuestra inteligencia nos daría la victoria; por el mismo Yahvahé yo te condeno”. Entonces de modo súbito clavó su lanza en el pecho del hombre traspasándole.

Yehoshúa ordena echar suerte sobre los jefes de tribus

35 Luego Yehoshúa llamó a sus oficiales y les ordenó: “Mañana por la mañana reúnan a todas las tribus de Yisraeil para de entre ellas encontrar donde está la trasgresión del mandato que di. Se echará suerte sobre cada una de ellas; la que Adonai señale por medio de la suerte recibirá el debido escarmiento, si aquel que violó el anatema no se presenta”.
36 Al amanecer, bien temprano, Yehoshúa hizo que Yisraeil se fuera acercando tribu por tribu, mientras el sacerdote instruido por él echaba suertes sobre las cabezas de los jefes de tribus y la suerte cayó sobre Judá.
37 Yehoshúa exclamó entonces: “¡Adonai ha hablado y el pecado está en Judá! Uno de los hijos de Judá es culpable de la ira de Yahvahé que nos entregó en manos de Ai. Si el culpable no confiesa su pecado, diezmada será Judá hasta que Adonai aparte su ira de nosotros”. 38 Todos los de Judá estaban atemorizados y unos a otros se miraban con recelo. Entonces una de las hijas de Judá se puso delante de todos y le dijo al conductor de Yisraeil: “Conductor de nuestro pueblo, no castigues a inocentes por culpables. Será mejor que interrogues a Acán hijo de Carmí, porque yo le vi guardando un manto lujoso”.

Acán confiesa su culpa

39 Trajeron pues a Acán frente a Yehoshúa y este le exhortó a que confesara, diciendo: “¡Ay, Acán, hijo mío! Dale gloria a Adonai, el Dios de Yisraeil, y tribútale homenaje. Dime si fuiste tú y nada me ocultes”.
40 Acán respondió a Yehoshúa: “Es verdad lo que ha dicho esta mujer, he pecado contra Eli-Yah, el Dios de Yisraeil. Esto es lo que hice: 41 Yo vi entre el botín un hermoso manto de Senaar, doscientos siclos de plata y un lingote de oro que pesa cincuenta siclos; me gustaron y los guardé. Ahora están escondidos en la tierra, en medio de mi carpa, y la plata está debajo”.
42 Yehoshúa envío a dos emisarios, que fueron corriendo a la carpa, y encontraron el manto que estaba escondido en ella, y la plata debajo de él. 43 En seguida retiraron las cosas de la carpa, se las presentaron a Yehoshúa y a todos los israelitas, y las extendieron delante del arca santa.

Acán y toda su familia son apedreados

44 Entonces Yehoshúa tomó a Acán con la plata, el manto y el lingote de oro, a sus hijos y sus hijas, sus vacas, sus ovejas y sus asnos, su carpa y todo lo que poseía, y los condujo fuera del campamento, acompañado de todo el pueblo.

45 Allí le dijo Yehoshúa: “Tú nos trajiste la desgracia. Que Adonai te haga desgraciado en este día”. Y todo el pueblo lo mató a pedradas; también apedrearon a los suyos y los quemaron.

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