La fe de la cananea
1 Salió Yehshua acompañado de
sus discípulos para la región de Tiro y Sidón hasta donde había llegado su
fama. 2 Sucedió que una mujer
cananea al verle pasar le gritaba diciendo: “Señor, bendecido por Dios,
compadécete de mí. Mi hija sufre terriblemente, quizá sea un espíritu maligno
que la atormenta”.
3 Mas Yehshua continuó sin
prestarle atención. 4 Como la mujer continuaba
siguiéndole e implorándole, Mariam de Magdala se acercó a él y le dijo: “Por
favor, si no vas a atenderle, dile, al menos, que se vaya porque viene gritando
tras nosotros”. 5 Le contestó Yehshua: “He
venido solo para buscar a las ovejas perdidas de Yisraeil”.
6 La mujer entonces se
adelantó y se postró desesperada a los pies de Yehshua y le imploró: “¡Señor,
por favor, socórreme!” 7 Yehshua le contestó:
“Mujer, no está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos”. 8 Llorando la mujer miró a
los ojos de Yehshua y le dijo: “Es cierto, Señor, pero aun los perrillos se
contentan con las migajas que caen de la mesa de sus amos”.
9 Le dijo entonces Yehshua:
“Veo que tienes mucha fe, aun siendo una extrajera y no tengas conocimiento del
mensaje del Padre. Por eso haré lo que me pides. Regresa a tu casa y tu hija
estará sana”.
10 La mujer confiada en la
palabra de Yehshua fue a su casa y encontró a su hija acostada en la cama y
libre de sus padecimientos.
11 Entonces Yehshua le dijo a
los discípulos: “Esto que han visto hoy será enseñanza para ustedes. Cuando
hice que no la escuchaba, ella siguió implorándome y ante su fe le concedí lo
que me pedía; 12 es que el Padre es capaz de
escuchar y hacer el bien hasta a los peores pecadores y hasta aquellos que le
niegan, si le imploran con devoción”.
Yehshua
anuncia su muerte
13 Cuando regresó de nuevo a
Galilea no quería
que la gente supiera
dónde estaba ya que deseaba transmitirles sus enseñanzas a sus discípulos. 14 Entonces, Yehshua les dijo
a sus discípulos: “El tiempo anunciado está próximo y el Hijo del Hombre está a
punto de ser entregado a sus enemigos que le matarán; pero él regresará con su
cuerpo astral”; 15 mas los discípulos no
entendían de quien hablaba.
La
oración al Padre
16 Entonces Verónica le pidió:
“Rabbi, los fariseos saben orar y Yojanán enseñó a orar a sus discípulos, en
cambio tú no nos has enseñado en la oración”. 17 Yehshua contestó: Les he dicho que cuando oren al padre
no sean espléndidos en palabras y discursos; porque el Padre conoce de que tienen
necesidad. Así expresarán su oración:
18 Padre Eterno y nuestro que
reinas sobre la extensión del Universo: 19 Que Tu nombre por siempre sea santificado y bendecido. 20 Que tu reino espiritual
llegue hasta nosotros y tu voluntad se cumpla en la tierra como se cumple en el
Universo. 21 Permite que nunca nos falte
el alimento de cada día. 22 Como nosotros debemos
perdonar a los que nos ofenden, perdona Tú nuestras ofensas. 23 Danos fuerzas para evitar
las tentaciones y líbranos del poder del Maligno. 24 Porque Tuyo es el Reino,
Tuyo es el Poder y Tuya es la Fuerza y la Gloria, por toda la eternidad.
Sobre
los juramentos
25 Algo más les diré: Ustedes
han oído que se les dijo a los antepasados: No faltes a tu juramento, sino
cumple con tus promesas al Padre. 26 También se les dijo: Cuando jures hazlo por el nombre del
Padre. 27 Pero ahora yo les digo a ustedes que, cuando
prometan algo, no hagan ningún juramento en falso. No juren por las alturas
pues en ellas brilla la Luz del Padre, ni juren por la tierra, porque Dios
gobierna sobre ella. Tampoco juren por Jerusalén porque la ciudad no les
pertenece, sino al Padre. 28 Nunca juren por su vida,
porque ustedes no son dueños de ella, ni jurarás por tu cabeza, porque no
puedes hacer blanco o negro ni uno solo de tus cabellos. 29 Si van a hacer algo digan
que sí, y si no lo van a hacer digan que no. Todo lo que digan de más viene del
Maligno”.
Interior
de un hombre de Luz
30 Yehudah el de Queriot le
pregunta: “¿Qué hay en tu interior que me cuesta entenderlo?” 31 Le contestó Yehshua: “El que tenga oídos, que escuche: en
el interior de un hombre de luz hay siempre luz y él ilumina todo el universo;
sin su luz reinan las tinieblas. 32 Cuídate, Yehudah que por no comprender mi interior no
veas la luz, y la Sombra te aprisione. 33 Una vid ha sido plantada a la orilla del Padre y como no
está firmemente arraigada será arrancada de cuajo y se malogrará”. 34 Yehshua había dicho esto
porque sabía que Yehudah le traicionaría y le entregaría a los fariseos y a los
Sumo Sacerdotes.
35 Yehudah volvió a decirle: “¿Quién
eres tú para decirnos estas cosas?” 36 Yehshua le respondió: “Afirmándose sobre lo que les
estoy diciendo, todavía no son capaces de entender quién soy yo. 37 Eviten ustedes volverse
como los fariseos, ya que éstos aman el árbol y odian su fruto, aman el fruto y
odian el árbol”.
Sobre
la circuncisión
38 Tau'ma le pregunta: “¿Es de
alguna utilidad la circuncisión o no?” Le contestó Yehshua: “Si para algo
valiera, ya les engendraría su padre circuncisos en el seno de sus madres; sin
embargo, la verdadera circuncisión en espíritu ha sido de gran utilidad”.
39 Viendo pasar a un hombre
que llevaba un cordero, Yehshua les preguntó: “¿Qué hace éste con el cordero?:
Ellos le dijeron: “Quizá le lleve a sacrificarlo para comérselo”. 40 Y les dijo: “Mientras esté
vivo no se lo comerá, sino sólo después de haberlo degollado, cuando el cordero
se haya convertido en un cadáver”. Ellos dijeron: “No podrá obrar de otro modo”.
41 Yehshua les dice: “Asegúrense
ustedes un lugar de reposo para que no se conviertan en cadáveres y sean
devorados”.
Yehshua
ora al Padre por sus discípulos
42 Entonces Yehshua oró al
Padre en voz alta: “Yo te alabo, Padre Dios del Universo y de todo lo que ha
sido formado por tu impulso, porque escondites tus enseñanzas a los sabios y
las revelaste a los niños y a los humildes. Así fue de tu agrado. 43 Tú has puesto todas las
cosas en mis manos y solo tú conoces es el Hijo sino el Padre; nadie te conoce
en verdad, Padre, solo el Hijo, y aquel a quien el Hijo te quiera revelar”. 44 Y volviéndose a los
discípulos dijo: “Dichosos quienes ven lo que ustedes pueden ver; porque, les
aseguro, que muchos profetas hubieran deseado ver y no vieron, y oír y no
oyeron, lo que ustedes han visto y oído.
45 El Padre es el Dios de la
Vida. En Él está siempre la vida. Del mismo modo el Padre le concede al Hijo
poseer vida en sí mismo 46 y le ha dado el poder de
enjuiciar porque hijo de hombre también es. 47 No se extrañen de esto que les digo.
48 Yo he venido a hacer las
cosas inferiores como las superiores y las externas como las internas, para
unirlas a todas en el lugar.
Yehshua,
causa de división
49 Fuego vine a traer a la
tierra, y ¡cómo quisiera que ya ese fuego estuviera encendido! 50 Pero antes tendré que
recibir un bautismo diferente, un bautismo de dolor, ¡y cómo me angustio esperando
que se consuma! 51 ¿Piensan acaso que he
venido para traer paz a la tierra? No; no he venido a traer paz, sino discordia.
Vine a causar división. 52 De ahora en adelante verán
la disensión. Una familia de cinco estará dividida. Estarán tres contra dos y
dos contra tres. 53 El padre estará en contra
del hijo y el hijo en contra de su padre; la madre contra la hija y la hija
contra la madre, la suegra estará contra la nuera y la nuera contra la suegra; 54 porque no he venido para unir a Yisraeil, sino para
dividirle. Mi rebaño se separará del viejo redil y sus pastores serán
perseguidos; pero al final ellos serán recompensados.
El
Buen Pastor
55 Vengan a mí todos los que
están abrumados y extenuados, porque yo les daré descanso a sus almas; mi enseñanza
es agradable, mi yugo es suave, y ligera
es mi carga.
56 Yo soy el buen pastor y
conozco a mis ovejas y mis ovejas escuchan mi voz. Yo he venido a buscar a mis
ovejas para arrancarlas de las manos de los falsos pastores. 57 Así como el pastor se ocupa
de su rebaño en medio de sus ovejas dispersas, así yo he venido para
apacentarlas con pasto fresco. 58 He venido para buscar la
oveja que se perdiera; para darle salud a las enfermas y cerrar sus heridas. En
mi redil yo las apacentaré con justicia. 59 El buen pastor no teme ofrendar su vida para resguardar
a su rebaño.
60 Todos los que vinieron
antes de mí eran ladrones y asaltantes, falsos pastores de palabras mentirosas,
por eso las ovejas no les oyeron y muchas se extraviaron. 61 Yo soy la puerta del redil,
la puerta de vida. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. 62 Yo he venido para dar
vida a mis ovejas, y para que la tengan en abundancia. Mis ovejas me conocen
como yo conozco al Padre y yo entregaré la vida para salvar la vida de mis
ovejas. 63
Ya
les he dicho que he venido a buscar a las ovejas perdidas de Yisraeil, pero
también voy en búsqueda de otras ovejas que no son de este redil y cuando las
encuentre formarán un solo rebaño con las primeras.


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