lunes, 18 de agosto de 2014

DAVID VI


David salva a Queilá

1 David y sus cuatrocientos se movían por todo Judá evitando enfrentarse con tropas de Saúl. 2 A David le avisaron diciendo: “Los filisteos están atacando Queilá y andan robando el trigo recién trillado; y aunque Queilá es ciudad fortificada son fuertes los ataques de los filisteos”
3 David le dijo a Abiatar, sacerdote de Eli-Yah: “Dime que crees; ¿debo ir hacia Queilá contra los filisteos?” Abiatar le contestó: “Debes ir. Podrás derrotar a los filisteos porque el Altísimo está contigo. 4 ¿Acaso este aviso que te han dado no es una señal del Eterno para que muestres tu grandeza en tierras de Judá?”
5 David fue a Queilá con su gente, luchó contra los filisteos, los derrotó y se llevó sus rebaños. Así salvó a los vecinos de Queilá. 6 Abiatar, hijo de Ahimelech, que había ido a refugiarse junto a David, bajó a Queilá con el efod en la mano.
7 Y se enteró Saúl que David había librado a Queilá de los filisteos y comentó alegre a sus oficiales: “Dios todopoderoso me ha entregado a David; él mismo se ha cortado la retirada, metiéndose en una ciudad amurallada con puertas y cerrojos”. 8 Luego Saúl movilizó a todo su ejército dirigiéndose a Queilá para cercar a David y a sus hombres y rendir a la ciudad.

Ingratitud de los notables de Queilá

9 Un mensajero llegó a Queilá declarando: “Saúl ha movilizado a su ejército contra Queilá por causa de David al que ha declarado enemigo de su reino”. Hubo entonces confusión entre los notables y los ricos de la ciudad fortificada y decían: 10 “Los filisteos nos robaban, pero Saúl vendrá a arruinar nuestra ciudad. David nos ha traído la desgracia”.
11 Comprendió David que estaba en peligro y le dijo al sacerdote Abiatar: “Trae el efod y consultemos a Yahvahé”. 12 Y oró David teniendo enfrente el efod de Abiatar: “Eli-Yah, Dios de Yisraeil, he oído que Saúl intenta venir a Queilá a arrasar la ciudad por causa mía. ¿Qué debo hacer? ¡Yahvahé, Dios de Yisraeil, respóndeme! 13 ¿Acaso nos entregarán los ricos y los poderosos de esta ciudad en manos de Saúl?”

Los doscientos hombres que se unen a David

14 Estando orando David frente al efod de Abiatar cuando un hombre vino a verlo y le dijo: “¡Por siempre seas salvo, David! Saúl ya viene contra ti y los poderosos de Queilá conspiran para entregarte. 15 Nosotros somos doscientos hombres, campesinos y pastores que estamos cansados de los abusos de los notables y queremos unirnos a ti; si es de tu agrado estamos dispuestos a luchar por ti”.
16 Abiatar contestó: “Yahvahé, Dios nuestro, te ha respondido David. Verdaderamente no puede confiarse en la gente rica  que liberaste de los filisteos; porque no quieren arriesgar sus fortunas. 17 En sus riquezas está su espíritu”.
18 Aceptó David que se le unieran los doscientos y su tropa entonces llegó a seiscientos valientes. El y su tropa salieron de Queilá y vagaron sin rumbo fijo. 19 Avisado Saúl que David había escapado de Queilá  desistió de la campaña y no avanzó contra Queilá.
20 Pero Saúl no renunciaba a perseguir a David y le quería muerto porque su envidia se había tornado odio. David, en tanto, fue a acampar en Hores en el desierto de Zif.

Yehonathan hace pacto con David

21 Y oró David al Padre de la vida diciendo: “Luz del Universo, Dios mío, en ti me refugio: sálvame de todos los que me persiguen; 22 líbrame, para que nadie pueda atraparme o caiga contra tu siervo como un león, que destroza sin remedio. Tú, Yahvahé eres el Juez de las naciones: júzgame, Padre de la vida, conforme a mi justicia y de acuerdo con mi integridad”.
23 Supo Yehonathan que David se ocultaba en Hores y fue a su encuentro. Entonces David y Yehonathan se abrazaron tiernamente y Yehonathan le dijo: “No temas, David, hermano que no caerás bajo la mano de mi padre, el rey. 24 Haré todo lo que me sea posible para evitarlo. Tú vas a reinar en Yisraeil y yo seré tu segundo. Esto muy bien lo sabe Saúl”. Luego Yehonathan regresó al campamento de Saúl.
25 Pero gente de Zif que era fiel a Saúl, enterados que allí acampaba David, fueron al campamento de Saúl y le dieron aviso. Partió de inmediato el rey contra David. Pero Yehonathan se adelantó y envió un siervo de su confianza para que advirtiera a David.

Saúl interrumpe el acoso a David

26 Se refugió David en Maón.  Cuando los de Zif le informaron a Saúl que David se había movido para Maón, allá se dirigió rápidamente. Saúl iba por un lado del monte, y David con sus hombres por el otro lado del monte, y se daba prisa David para escapar de Saúl; sin embargo Saúl con sus hombres había logrado encerrar a David y se preparaba para lanzarse contra él.
27 Fue en ese momento que llegó un mensajero ante Saúl que le urgía a regresar, pues los filisteos estaban incursionando en el país con muchas fuerzas. Decidió Saúl que era mejor dejar a David y salir contra los filisteos y abandonó la persecución que mantenía contra David. 28 Aprovechó esto David y fue a refugiarse en las tierras altas de En-gadi.
29 Después de expulsar a los merodeadores filisteos, Saúl salió de nuevo en persecución de David. En Maón le informaron que David se había refugiado en En-gadi. 30 Con tres mil hombres escogidos salió Saúl en busca de David y de sus hombres por las cumbres de los peñascos de las cabras monteses.

David perdona la vida a Saúl

31 Y cuando llegó a un redil de ovejas en el camino, donde había una cueva, entró Saúl en ella para cubrir sus pies; y David y sus hombres estaban sentados en los rincones de la cueva.
32 Cuando los hombres de David vieron a Saúl que estaba dormido y solo en la cueva le dijeron a David: “Ahí está tu perseguidor dormido. Eli-Yah te lo ha entregado; si quieres ahora mismo le matamos”. 33 David les contestó: “¡Líbreme el Dios del Universo hacer tal cosa contra mi señor, porque él fue ungido por Shamu’el con la bendición de Yahvahé!”
34 Entonces, callada y sigilosamente se acercó David junto a Saúl y cortó la orilla de su manto. Se quitó su anillo y lo ató con el pedazo del manto de Saúl. Luego, con sus hombres abandonó la cueva por otra salida.
35 Cuando Saúl despertó vio el trozo de su manto atado al anillo de David y se turbó en gran manera porque reconoció aquel anillo que era de David. 36 Cuando salió fuera de la cueva escuchó a David dando gritos desde lo alto de las peñas diciéndole: “¡Mi señor el rey! ¿Por qué oyes las palabras de los que dicen que te deseo el mal? Con tus ojos has podido ver que Yah te puso en mis manos dentro de la cueva. 37 Pude haberte matado, mas no lo hice. En mi mano, no hay traición; no he pecado contra ti; sin embargo, tú andas a caza de mi vida para quitármela. 38 ¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga?”
39 Al escuchar estas palabras Saúl se sintió conmovido y dijo: “¿No es esta la voz tuya, hijo mío David?” Y alzó Saúl su voz y lloró, 40 y dijo: “¡Cuan fiel eres, David que pretendiendo yo tu vida, perdonaste la mía cuando estaba a tu merced! 41 Porque ¿quién hallará a su enemigo, y lo dejará ir sano y salvo? 42 Sé que tú reinarás y que el reino de Yisraeil bajo tu mando será firme y estable, sé también que he sido desechado, 43 por eso te pido que jures por Yahvahé que no destruirás mi descendencia después de mí, ni borrarás mi nombre de la casa de mi padre”.

43 Entonces David juró a Saúl y Saúl se retiró abandonando la persecución contra David.

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